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Presentación del libro de relatos titulado De la Ceiba y el Quetzal, escrito por Montserrat Abumalham. profesora de Filología Semítica en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la  Asociación Tacaná.  Será en la Biblioteca Municipal el jueves día 29 de Septiembre a las 19,30 h.

Tacaná,  promueve y gestiona proyectos educativos como las Becas Kristina Iturralde del proyecto Somos Libres, de acceso a estudios secundarios para jóvenes en Guatemala, Nicaragua y Costa Rica, o el proyecto Labrando nuestro futuro para becas de estudios primarios para niñas sin recursos del Hogar Luis Amigó de Guatemala, desde el convencimiento de que las oportunidades de educación y formación de la infancia y la juventud son fundamentales para el desarrollo del ser humano.

Luisa Carnés nació en Madrid (1905) y murió en México DF (1964). De clase media empobrecida, se puso a trabajar en una sombrerería a los 11 años. Fue autodidacta: observaba la realidad y leía folletones, Los hermanos Karamazov por entregas, Tolstói, Gorki, clásicos de la literatura española… De aquellos trabajos y días, pasados por el filtro de los autores rusos, surgieron Peregrinos del calvario (1923) y Natacha (1928). Luisa se hizo mecanógrafa en una editorial donde conoció a su primer marido; disfrutó de notoriedad como escritora. Después cerraron la editorial y emigraron a Algeciras, pero ella regresó a Madrid, donde trabajó en un salón de té. Siguió escribiendo novelas y cuentos y colaboró con diferentes medios periodísticos. Estalló la guerra, firmó teatro de combate en defensa de la República y estrenó con Alberti. Militó en el PCE. Se exilió a México y allí murió en un accidente de coche del que salieron ilesos marido e hijo. Luego desapareció, como muchas otras mujeres y hombres —especialmente mujeres— del imaginario cultural porque todos sabemos quiénes escriben la historia… Esta podría ser una visión acelerada de la biografía de Luisa Carnés, a quien se ha considerado “la más importante narradora del 27” o representante de la “novela social de preguerra” como Sender, César M. Arconada o Carranque de Ríos. Carnés denunció las desigualdades económicas y sociales del sistema capitalista, y se concentró en la emancipación de las mujeres a través de la lucha colectiva y la cultura; en la necesidad de que las obreras se desvincu­laran de padres, maridos, patrones y confesores, para transgredir un modelo de vida abocado a una domesticidad matrimonial o prostibularia, que a menudo se confunden. Carnés apoyó a Clara Campoamor en su defensa del sufragio femenino. Otras voces se sumaron: María Martínez Sierra, Concha Espina, Elena Fortún, María Teresa León…

 

La autora denunció las desigualdades del sistema capitalista y se concentró en la emancipación de las mujeres

De todas estas vicisitudes biográficas da cuenta Antonio Plaza en el epílogo de Tea Rooms. Mujeres obreras, una singularísima novela-reportaje a la que Carnés traslada su experiencia como empleada de un salón de té. Una voz en tercera persona focaliza la figura de Matilde, una obrera a quien el pensamiento le duele y recorre Madrid buscando empleo. La ciudad se describe con enumeraciones sensoriales que son interrumpidas por fragmentos en estilo directo, interferencias de la publicidad o la propaganda. Sobrecoge lo mucho y lo nada que hemos cambiado: ya no se fríen buñuelos en la Puerta del Sol y los turistas se hacen fotos con Minnie Mouse, pero aún existen los mendigos, los parados, las mujeres especialmente golpeadas por la crisis e invisibilizadas por la cultura. Las vertiginosas descripciones remiten a las dotes de observación de la escritora y a esos chaplinianos tiempos modernos donde las prácticas capitalistas automatizan las conductas mientras la realidad se divide entre ricos, pobres y engreídas clases medias sin conciencia de sus precariedades.

Carnés, encubierta tras la lúcida mirada de Matilde, sabe que está en el bando de los perdedores incluso antes de haber perdido una guerra. El estilo capta lo que la escritora piensa del mundo: roto, voraginoso, lleno de ruido… La visión de la pobreza no es idílica ni buenista, sino violenta, corruptora y sucia. Sin embargo, no se deposita en el individuo toda la responsabilidad de sus buenas o malas acciones. Porque Carnés no es católica: reivindica la utopía comunista subrayando el significado de la solidaridad. Tampoco ve con buenos ojos a quienes rentabilizan el relato de la pobreza, la apología del origen humilde. De esa lección deberíamos aprender los escritores de la crisis, que a veces transformamos la lacra social en eslogan.

Carnés utiliza la literatura como arma cargada de futuro sabiendo que en su destreza para controlar la clave retórica reside su eficacia. Literaria y política. Es precioso el pasaje donde cuenta por qué las mujeres pobres no se alegran con la llegada del verano mientras la fina desnudez de las mujeres pudientes se exhibe en playas cosmopolitas. En la novela se evidencia el peso literario de lo concreto: las horas de jornada laboral, la cantidad de brioches, las exactas 10 pesetas del salario, la insistencia en el número en los tiempos de escasez.

Usa la literatura como arma cargada de futuro. Sabe que en su destreza para controlar la clave retórica reside su eficacia

La novela-reportaje como género sintetiza la observación naturalista de la experiencia laboral auténtica, los diálogos de magnetofón con sus entrañables laísmos madrileños, con la esperanza utópica del lenguaje de vanguardia, las girándulas de Guillermo de Torre, los poemas de grúas de Salvat-Papasseit, el cubismo, la máquina y la reducción metonímica de la persona a su traje que tan atinadamente resume esa denuncia de la deshumanización, la razón físico-matemática y la lógica economicista, que está en la raíz de las poéticas del 27. También como los autores del 27, en Carnés se percibe cierta influencia cinéfila que cuaja en una crítica —alienación de las obreras fascinadas por los actores que van al Tea Room— y un procedimiento: la cámara congela con rapidez opresiva al hombre travestido, la mantenida por un viejo, la encargada, la adaptable Antonia, la beatona, Marta y sus hurtos, Laurita y su ingenuidad de novela que la convertirá en carnero sacrificial… Poliedro dramático de mujeres que tienen todas las de perder. Las cosas terribles suceden con la naturalidad con la que suceden las cosas terribles en las sociedades inhumanas: abortos practicados con la varilla de un paraguas roñoso, mujeres prostituidas, obreros muertos, despidos… Tea Rooms se cierra con un interrogante: “¿Cuándo será oída su voz?”. Carnés se refiere a la emanci­pación proletaria. Los lectores sospechamos que, habida cuenta de los últimos acontecimientos nacionales e internacionales, nunca hemos dejado de estar sordos.

Fuente: El País

CÓMO ES posible que la guerra terminara hace casi 80 años y todavía tengamos que contener las lágrimas ante la tumba de Antonio Machado. Eso es lo que me pregunto en silencio cada vez que voy con mi familia al cementerio en que descansa el poeta, en Colliure, el pueblito francés situado a pocos kilómetros de la frontera española donde, huyendo de la victoria franquista, Machado encontró refugio y murió justo antes del fin de la guerra. La tumba se halla a la entrada del cementerio y está siempre cubierta de los ramos de flores de sus visitantes; yo nunca le llevo nada. Aunque cada año, ante ella, me acuerdo de un poema de Machado; este verano fue ese que empieza “Yo voy soñando caminos / de la tarde” y que luego sigue: “En el corazón tenía / la espina de una pasión. / Logré arrancármela un día: / ya no siento el corazón”. Cuando acabo de decirlo, alguien pregunta si eso significa que no hay vida sin dolor y que, si te quitas el dolor, te quitas la vida. “Puede ser”, contesto. Otro pregunta –esto siempre lo pregunta alguien: no falla– cuándo va a volver Machado a España, o si no debería haber vuelto ya. “No lo sé”, contesto. “De momento está bien donde está”. Muñoz Molina ha escrito que el barranco de Víznar, el lugar donde asesinaron a Lorca, es nuestro Poets’ Corner, el majestuoso lugar de Westminster donde los ingleses entierran a sus grandes escritores; nada que objetar, salvo que, si falla Víznar, aquí está Colliure.

 

"EL DÍA QUE MACHADO PODRÁ POR FIN VOLVER A CASA, ESE DÍA LA GUERRA HABRÁ TERMINADO DE VERDAD"

Al salir del cementerio me adentro en el callejón Antonio Machado y veo al pasar junto a un patio una pareja de ancianos. Pocos metros más allá desemboco en el hotel donde el poeta se alojó durante sus últimas semanas de vida, con su hermano José y su madre, que está enterrada con él. El hotel es un viejo caserón de tres plantas, con balaustradas y escalinatas de piedra; en tiempos de Machado se llamaba Bougnol Quintana; yo siempre lo he visto cerrado. Nos quedamos mirando la fachada y, cuando llevamos un rato frente a ella, pido a mi familia que me espere y vuelvo con los dos ancianos, que se acercan a mí en cuanto me ven a la entrada de su patio. Son ingleses, se llaman Weaver, parecen encantados de atenderme. En inglés, les pregunto si llevan muchos años viviendo allí; me contestan que no viven allí, pero que pasan allí los veranos desde finales de los años ochenta. Les pregunto si han oído hablar de Machado. “Claro”, me contestan y, cuando les digo de dónde soy, me preguntan: “¿Es verdad que es el Shakespeare español?”. “No”, contesto; me oigo añadir: “Pero es el mejor poeta español moderno”. Luego les pregunto si viene mucha gente a ver su tumba. “Mucha”, asienten. Me cuentan que al principio Machado y su madre estaban enterrados en una tumba humildísima y luego los cambiaron a la actual, que el hotel lleva 25 años vacío, que el Ayuntamiento intentó comprarlo sin éxito. Después les pregunto si han oído contar historias del paso de Machado por Colliure. “Alguna”, reconoce el señor Weaver. Y me cuenta lo siguiente. Al parecer, los habituales del hotel estaban muy intrigados porque nunca veían comer juntos a los hermanos Machado, y algunos atribuyeron esa rareza a una inquina provocada por las amarguras del exilio; hasta que un día descubrieron la verdad: los hermanos no tenían más que un traje, y se lo turnaban para bajar al comedor. “Es sólo una leyenda”, sonríe el señor Weaver. “Quizá no sea verdad”.

Me despido de los Weaver y me reúno con mi familia, que me somete a un interrogatorio sobre mi entrevista a los dos ancianos y, mientras caminamos hacia el coche para volver a casa y divago sin responder, me pregunto si voy a ser capaz de contarles la leyenda del último traje de Machado, si acertaré a explicar sin que me tiemble la voz que hay hombres que no aceptan perder la dignidad ni en la peor de las derrotas, y me digo que sólo nos habremos arrancado la última espina de la pasión de Machado cuando ya nadie tenga que contener las lágrimas en Colliure por su culpa, que entonces él también podrá por fin volver a casa y que, aunque quizá ya no nos quede corazón, ese día la guerra habrá terminado de verdad. “Mejor os lo cuento en un artículo”, respondo.

Fuente: Javier Cercas - El País

La secretaria general de Cultura de la Junta de Extremadura, Miriam García Cabezas, participó ayer en la primera visita abierta al público de la villa romana de la Majona en Don Benito, que estuvo protagonizada por un grupo de escolares de la localidad.

El horario de visitas inicialmente comprende los miércoles, de cinco a siete de la tarde, y los sábados, de 10 de la mañana a una de la tarde. Además, para grupos de escolares y otros interesados en verla fuera de este horario, es posible contactar previamente con la Oficina de Turismo de Don Benito.

La secretaria destacó que se trata de un acontecimiento importante para la ciudad dombenitense, para la comarca de las Vegas Altas y para toda Extremadura, «porque incorporamos un nuevo yacimiento visitable al amplio y muy rico patrimonio cultural de Extremadura».

La visita también contó con la presencia del director general de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural, Francisco Pérez Urbán, y del alcalde de Don Benito, José Luis Quintana. La Junta de Extremadura destinó en 2015 una inversión de casi medio millón de euros para acondicionar este espacio, que se localizó de manera accidental en 1995, por las obras de una carretera.

«Ahora, estos restos arqueológicos ahora pasan a estar a disposición de todas las extremeñas y los extremeños, y de quienes nos visitan, contribuyendo a mejorar el conocimiento de nuestra historia común y enriqueciendo nuestro presente», declaró la secretaria de Cultura. Al respecto, agradeció y elogió el compromiso del Ayuntamiento de Don Benito, que se encargará del mantenimiento y gestión de esta villa a partir de ahora.

La villa romana de la Majona es un yacimiento especialmente interesante porque aporta datos muy valiosos para comprender cómo fue el mundo rural romano entre los siglos I y V después de Cristo. Aunque todavía quedan numerosos aspectos por estudiarse, esta villa permite apreciar el modelo clásico de construcción romano, con una serie de estancias principales organizadas en torno a un patio central porticado o peristilo.

Puesta en valor/ A lo largo de 2015, la Junta ha hecho trabajos para acondicionar este yacimiento y posibilitar su apertura al público, que comprenden aspectos como las tareas de desbroce de la vegetación que cubría la villa romana, la restauración de la fuente monumental y del impluvium (estanque) de la villa, la excavación de restos arqueológicos o de otros que permanecían semidescubiertos y la restauración de los mosaicos acompañada de las necesarias medidas para garantizar su correcta conservación.

Además, se han llevado a cabo otros trabajos para el pleno aprovechamiento y disfrute de este monumento; incluida la construcción de un aparcamiento y de una oficina para el personal de atención al público, así como de la cartelería informativa.

El yacimiento se encuentra en las cercanías de la carretera Don Benito-Miajadas, a unos tres kilómetros de Don Benito. En la rotonda situada bajo el puente de la autovía sobre el Guadiana hay cartelería indicadora.

Fuente: El Periódico Extremadura.

Arranca mañana a las 20.30 horas con la actuación de Los Peligrosos Gentlemen

El VII Cáceres Blues Festival, que arranca mañana y se prolonga hasta el sábado, contará en su cartel con artistas como el británico Laurence Jones y el texano Holland K. Smith como principales atractivos, además de los nacionales Fede Aguado y Jimmy Barnatán, entre otras figuras internacionales y nacionales que se subirán al escenario de la plaza de Santa María en los ocho conciertos programados para la séptima edición, según recoge Europa Press. El año pasado, el certamen congregó a más de 5.000 personas en los diferentes conciertos gratuitos que tienen lugar en la citada plaza, en pleno corazón de la parte antigua de la capital cacereña y en el local El Corral de las Cigüeñas, donde también habrá actuaciones.

La programación arranca mañana a las 20.30 con el concierto de Los Peligrosos Gentlemen, en El Corral de las Cigüeñas. El viernes la música se trasladará a la plaza de Santa María, donde actuarán Fede Aguado y Fierablues (20.30 horas) para continuar con los ritmos de Jimmy Barnatán & The Cocooners (22.20 horas). La jornada del viernes concluirá con la actuación del joven británico Laurence Jones, considerado por la prensa internacional como el sucesor de Eric Clápton, que se subirá al escenario a partir de la medianoche para presentar su nuevo disco ‘Take my High’. Por último, el sábado está prevista la actuación de Still River. El festival incluye una exposición compuesta por 22 imágenes en el hotel Alfonso IX.

Fuente: El Periódico Extremadura.

El hallazgo de Javier Lupiáñez en Dresde arroja luz sobre los años del genio italiano como estudiante antes de que se hiciera mundialmente conocido

La obra 'RV 820' venía de la ciudad alemana de Ansbach, donde vivió uno de los profesores del compositor, Giuseppe Torelli

El violinista y musicólogo español afincado en Holanda Javier Lupiáñez ha descubierto la primera obra conocida de Antonio Vivaldi en una biblioteca de la ciudad alemana de Dresde, hallazgo que arroja luz sobre los años del genio italiano como estudiante antes de que se hiciera mundialmente conocido.

Todo comenzó en 2014, cuando Lupiáñez preparaba un programa para su grupo basado en piezas sin autor conocido: "Me puse a leer obras del archivo de Dresde, que está digitalizado. Pudimos leer como 72 sonatas anónimas", ha explicado el musicólogo.

En una clase con su profesor, ambos discutieron la posibilidad de que una de las obras fuera de Antonio Vivaldi.

El musicólogo español decidió en ese momento cambiar la tesis de su máster, que preparaba en el Conservatorio de La Haya, en Holanda. Se puso como objetivo investigar si esa sonata y otra del mismo archivo habían sido escritas por el compositor italiano.

"Teníamos que comprobar la fuente en sí. La partitura tiene una marca de agua que, si se pone a trasluz, se ve quién es el fabricante y de dónde viene el papel", indica Lupiáñez.

La obra 'RV 820' venía de la ciudad alemana de Ansbach, donde vivió uno de los profesores de Vivaldi, Giuseppe Torelli. Vivaldi compuso esta obra aproximadamente en el año 1700 -por lo que se trata de su primera pieza conocida-, una época en la que aún era estudiante y tenía unos 23 años.

La transcripción de la partitura que se conserva en Dresde fue hecha por un chico del coro de Ansbach, Johann Georg Pisendel, quien casualmente se convirtió en alumno del propio Vivaldi años después.

Según Lupiáñez, en esa época los compositores Giuseppe Torelli y Arcangelo Corelli ejercían una fuerte influencia en las obras de Vivaldi, "sobre todo en la organización de las ideas y en la línea melódica".

No obstante, el genio italiano ya dejaba entrever "destellos, cosas sutiles" de lo que terminaría siendo su estilo, a pesar de que la tendencia de la época marcaba que los instrumentos debían imitar la voz de los cantantes. "Sin embargo, Vivaldi se mueve hacia un tipo de música más instrumental", explica Lupiáñez.

La técnica escrita para los instrumentos sugiere otros indicios de astucia. "Uno de los solos de violín tiene una articulación especial y unas ligaduras muy difíciles, algo que Corelli no habría hecho nunca", apunta Lupiáñez, quien añade que "años después Vivaldi será famoso por una articulación muy rica".

La otra pieza descubierta por el musicólogo español, la 'RV 205/2', fue compuesta alrededor de 1717 y no tiene nada que ver con la 'RV 820'.

"Muchos teóricos defienden que a principios de siglo XVIII hubo un cambio de estilo radical y esta sonata es un ejemplo. Se ven características del siglo XVII, pero al mismo tiempo hay cosas nuevas", indica Lupiáñez, que cita como ejemplo la originalidad del bajo continuo, la articulación y la ornamentación de la sonata.

Lupiáñez envió su tesis a Michael Talbot, profesor del Conservatorio de Birmingham (Reino Unido) y uno de los mayores expertos en música de Vivaldi.

"Él a su vez se la envió al Instituto Vivaldi de Venecia y al RISM (Repertorio Internacional de Fuentes Musicales, por sus siglas en francés)", institución que documenta y cataloga partituras de todo el mundo.

El RISM autentificó meses más tarde a Lupiáñez como descubridor de la RV 205/2 y codescubridor de la RV 820 junto a Federico Maria Sardelli, un musicólogo italiano que aseguró que él también había hallado la misma pieza.

"Este tipo de cosas ocurre muy a menudo", indica Jennifer Ward, musicóloga del RISM, que señala la digitalización del archivo musical de la biblioteca de Dresde como un factor facilitador de estos descubrimientos.

"Es de acceso libre, por lo que cualquiera puede verla en línea", explica Ward. "Estábamos muy emocionados porque tanto un investigador que estaba en Holanda como otro de Italia llegaron a la misma conclusión. Fue una coincidencia que pasara al mismo tiempo", asegura.

Javier Lupiáñez dará el 29 de septiembre un recital en La Haya con su grupo, Scaramuccia, en un concierto que cuenta con el apoyo de la embajada de España en Holanda.

"Tocaremos una pieza española y obras de Vivaldi descubiertas por gente diferente en los últimos diez años, pero que aún no se conocen mucho", explica.

Fuente: HOY

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