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La Universidad de Extremadura inauguró ayer de forma oficial su nuevo Instituto Universitario de Investigación en Badajoz, un edificio con 8.800 metros cuadrados construidos que cuando esté a pleno funcionamiento espera acoger a 350 investigadores. La obra civil ha supuesto un desembolso de unos 9 millones de euros que han sido costeados en un 70% con los fondos europeos Feder y en el 30% restante por la Junta de Extremadura. A ese dinero hay que sumar otros 3,5 millones de euros que han sido necesarios para comenzar a equipar las instalaciones. El rector pide más financiación regional y estatal para investigar Esa inversión ha permitido levantar un edificio de tres plantas junto al vial que parte de la Facultad de Medicina y que concluye junto al edificio que ocupa la Agencia Estatal de Meteorología.
Anuncio: El vídeo comenzará en 18 segundos En su interior funcionarán el Instituto Universitario de Investigación del Agua, Cambio Climático y Sostenibilidad (IACYS); el Instituto de Computación Científica Avanzada (ICCAEx); el Instituto Universitario de Investigación de Recursos Agrarios (INURA); y el Instituto Universitario de la Dehesa (INDEHESA). Hasta ahora, la Universidad de Extremadura contaba con departamentos y grupos de investigación, pero no podía acogerse a las subvenciones que concede la Unión Europea a los institutos universitarios de investigación, en los que se exige que haya un mínimo de 20 doctores pertenecientes, como mínimo, a cuatro áreas del conocimiento y tres departamentos diferentes. Con este nuevo diseño se pretende potenciar el intercambio de conocimientos que pueden ser necesarios para desarrollar investigaciones más ambiciosas. El rector de la Universidad de Extremadura, Segundo Píriz, se mostró feliz con la inauguración del nuevo edificio y animó a valorar lo mucho que ya han conseguido los investigadores extremeños. Como ejemplo, habló de las más de 60 patentes que salieron de la UEx entre los años 2010 y 2014. «En el año 2015 fuimos la séptima universidad en número de patentes entre las 50 universidades públicas que hay en España». El vicerrector de Investigación, Transferencia e Innovación, Manuel González Lena, incidió en la necesidad de seguir apostando por la investigación en una región donde el tejido empresarial e industrial tiene poca capacidad para invertir en I+D. «Esto nos va a permitir aspirar a proyectos más ambiciosos», dijo. Al acto también asistió el consejero de Industria, José Luis Navarro, quien recordó que el proyecto de construcción de ese edificio fue apoyado por la Junta de Extremadura y forma parte de una inversión global de 22 millones de euros que ha permitido construir otro Instituto Universitario de Investigación en la ciudad de Cáceres. «Este edificio es un ejemplo del buen uso de los fondos europeos, porque este lugar es uno de los mejores sitios para invertir dinero en formación, investigación, innovación y universidad», añadió el alcalde de la ciudad, Francisco Javier Fragoso. Veinticinco laboratorios El nuevo Instituto Universitario de Investigación en Badajoz cuenta con tres plantas. La baja está compuesta por un salón de actos, espacio para varias empresas con base tecnológica ('spin-off') participadas por la UEx y cinco laboratorios. Otros diez laboratorios han sido construidos en la primera planta y diez más hay en la segunda. Cada uno de los laboratorios cuenta con un pequeño despacho administrativo y dos salas que se destinarán a la creación de un laboratorio pequeño y otro más grande. Los institutos de investigación que ya se han creado ocupan cuatro laboratorios cada uno, por lo que aún hay espacio para acoger nuevos institutos que están en proceso de creación. Una de las 'spin-off' que ya funcionan es la que ha puesto en marcha Thera Center, que permitirá desarrollar una nueva técnica para tratar lesiones cerebrales y neurológicas que limitan la capacidad de movimiento, según explicó José Antonio Lagar. «Esto va a permitir desarrollar un tratamiento, investigar y ofrecer prácticas reales a los alumnos de Fisioterapia».

Fuente: HOY

Más de un centenar de científicos aúna sus fuerzas en un proyecto único: dar con el ADN del genio. No sólo quieren conocer cómo era su físico, sino también su dieta y sus hábitos de salud Pocos estudios científicos son capaces de aunar a tanto talento con un solo objetivo. La lista de investigadores principales embarcados en éste supera el medio centenar y entre las instituciones que los avalan (una decena) se encuentran algunas tan prestigiosas como el Instituto de Paleontología de París, el Centro Internacional de Estudios de la Humanidad de Florencia, el laboratorio de identificación genética de Granada, la Universidad Rockefeller de Nueva York y el Instituto Craig Venter de California. La misión: desvelar los últimos misterios que nos quedan por conocer sobre la vida de Leonardo da Vinci, acudiendo a los genes si es necesario. Se llama Proyecto Leonardo y ayer se hicieron públicas algunas de sus líneas de investigación en un número especial de la revista «Human Evolution». Y lo cierto es que el trabajo se asemeja mucho a recientes aventuras similares que hemos vivido algo más cerca, por ejemplo, la búsqueda de los restos de Miguel de Cervantes en el madrileño convento de las Trinitarias. No en vano, el Proyecto Leonardo también incluye el uso de tecnologías de georradar en algunas iglesias italianas para tratar de corroborar la localización exacta de los restos mortales del padre y algunos otros familiares del genio del Renacimiento. El trabajo se ha visto recientemente espoleado por el anuncio de que un grupo de científicos está estudiando la huella genética de algunos descendientes de familiares de Leonardo que viven en la actualidad. Una vez obtenidos los permisos necesarios, los expertos compararán el ADN de familiares pasados y presentes del pintor con trazas físicas (pelo, huesos, uñas, células de la piel) relacionadas con él y su entorno. Esta ambiciosa empresa cuenta con apoyo institucional, el del Consiglio Regionale della Toscana. Los expertos embarcados cubren un amplio abanico de especialidades: historiadores, antropólogos, genealogistas, microbiólogos, genetistas... dispuestos a dibujar el más completo perfil jamás obtenido del genio nacido en 1452 y enterrado en Amboise, al sur de París, tras morir a los 67 años de edad. Pero la tarea no es sencilla, ya que, al igual que ocurrió con los cadáveres de Cervantes o del rey Ricardo III de Inglaterra, la localización exacta de la tumba no es del todo conocida. ¿Qué información pretende obtener el Proyecto Leonardo? Quizá lo más llamativo sea que, si se logra precisar la información genética correcta y se modelan algunos de sus restos óseos, podría obtenerse una imagen bastante ajustada de cómo era el rostro del genio. Pero, además de su aspecto físico, hay otras características del difunto que interesan a la ciencia. Su dieta, su estado de salud, sus hábitos, los lugares en los que residió... Todo ello está escondido en la combinación única de genes y de huesos que aún no ha sido desvelada. Todo comenzará, en cualquier caso, con la localización exacta de sus restos, que en teoría deberían estar enterrados en algún lugar de la capilla de Saint Hubert en el Châteu d’Amboise. A partir del estudio físico de sus remanentes, los científicos creen poder inferir interesantes informaciones sobre la genialidad de aquel personaje. Por ejemplo, se podrá investigar su aparato visual, que, probablemente, fuese responsable de su forma única de entender el arte y la creatividad. Otra área de trabajo que llama poderosamente la atención es el estudio del ADN depositado en las propias obras de arte. Se usarán tecnologías realmente avanzadas que pueden extraer información genética de los tejidos y restos albergados en las pinturas desde hace siglos. Incluso podrán estudiarse las huellas dactilares dejadas por el artista en sus cuadros o libros de notas con la esperanza de hallar alguna información genética que pueda cotejarse con los restos exhumados o con los genes de sus descendientes. Toda una empresa de innovación, creatividad y misterio que sin duda hubiera hecho las delicias del propio Leonardo en su momento. Fuente: La Razón

La música es la gran protagonista este fin de semana para conmemorar el cuarto de siglo del festival de festivales en Extremadura: Womad Cáceres. Pero la región ofrece planes para todos los gustos: Feria del Jamón en Jerez, Feria del libro en Plasencia, y rutas para conocer la avifauna del Guadiana a su paso por Badajoz, y los rincones y paisajes de Trujillo. "Promocionar, mantener, mejorar e incentivar la educación de las culturas del mundo y la educación multicultural". Este el objetivo del Womad. Y es lo que el festival de las músicas, artes y danza del mundo lleva haciendo durante 25 años en Cáceres. Miles de personas, amantes de la música, tienen marcado en el calendario este fin de semana para ver y escuchar músicos de Palestina, Jordania, Siria, Reino Unido, Francia, Israel, Portugal, Cabo Verde, Japón, Egipto, Argelia, Ghana, Senegal, Argentina, Brasil y España. Este año el cartel está compuesto por 33 grupos, 8 extremeños, de 16 países diferentes. Destacan este año el funk salvaje de los japoneses Osaka Monaurail, el nuevo soul de la israelí de origen etíope Ester Rada, el flamenco transgresor de Niño de Elche y la electrónica de Asian Dub Foundation.
Jamón y libros al son de las músicas del mundo Durante el festival se espera que mil niños pasen por los talleres infantiles, y como novedad, por los 25 años, habrá actores que interactúen con los asistentes en diferentes escenarios de la ciudad. Tributo al jamón El Salón del Jamón Ibérico de Jerez de los Caballeros llega este año a su vigésimo séptima edición del 5 al 8 de mayo. Un centenar de empresas mostrarán sus productos en un recinto de 45.000 metros cuadrados que se espera que visiten más de 35.000 personas. Como novedad, el salón se internacionaliza al contar con la participación de cuatro empresas italianas y con una representación de Croacia dentro del recinto ferial.

Fuente: HOY

El Palacio de la Isla acoge, hasta el 31 de mayo, la muestra 'El poder de la sociedad civil durante el Holocausto: el caso de Bulgaria/1940-1944', con motivo del 70 aniversario de la salvación de muchos judíos búlgaros durante la Segunda Guerra Mundial Después de ser expuesta en ciudades como Varsovia, Washington, Nueva York, Dublín, Tel Aviv o Madrid, entre otras, el Palacio de la Isla albergó ayer la inauguración de la exposición 'El poder de la sociedad civil durante el Holocausto: el caso de Bulgaria/1940-1944', que se podrá visitar hasta el 31 de mayo. Es una muestra organizada por la embajada de la República de Bulgaria con motivo del 70 aniversario de la salvación de los judíos búlgaros durante la Segunda Guerra Mundial. La exposición --que fue presentada ayer por el embajador de la República de Bulgaria, Kostadin Kodzhabashev, y la responsable de Cultura de la Embajada búlgara, Dessislava Parusheva, en compañía de la alcaldesa, Elena Nevado, y el concejal de Cultura, Laureano León-- la componen 23 paneles (fotografías, facsímiles y texto) que representan el desarrollo de los acontecimientos en el escenario internacional entre 1940 y 1943, la repercusión de los sucesos en Bulgaria, la actitud de las autoridades y la respuesta de la sociedad búlgara. Uno de los puntos de inflexión en el devenir del país, que viene recogida en la muestra, fue la implantación de la legislación antisemita en 1941, así como la salvación de muchos judíos que evitaron ser trasladados a campos de exterminio gracias a la movilización social de miles de ciudadanos, de la Iglesia ortodoxa búlgara y de muchos intelectuales y diputados del Parlamento búlgaro que frenaron las deportaciones del régimen monárquico. En ese sentido, Nevado tildó ayer de "honor" el albergar un trabajo que repasa uno de los capítulos "más terribles" de la historia, mientras que Kodzhabashev señaló que para el pueblo búlgaro este acontecimiento histórico es "un orgullo", ya que pone de manifiesto la idea de que "los totalitarismos pueden combatirse con unión y valentía". Por otra parte, el investigador y estudioso de la cultura y la lengua judío-española, Marcel Israel, impartirá una conferencia sobre lo recogido en la muestra el 19 de mayo a las 19.00 en el Palacio de la Isla.

Fuente: El Periódico Extremadura.

E D U A R D O   H E R N Á N D E Z - P A C H E C O E L E M E N T O S   D E L   P A I S A J E.   F O T O G R A F Í A S  1 9 0 7 - 1 9 5 0 Elementos del Paisaje recoge un exhaustivo trabajo de selección, digitalización y restauración de imágenes de Eduardo Hernández-Pacheco. La muestra consta de cerca de 50 fotografías procedentes del archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales y de la colección de placas diapositivas custodiada en la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid. Desde finales del S.XIX, la fotografía ha constituido un instrumento de apoyo imprescindible para los trabajos descriptivos y analíticos de carácter científico, llevados a cabo, entre otros, por geógrafos, geólogos, paleontólogos, etnólogos y naturalistas. La consideración de la imagen fotográfica como algo más que un documento útil para la ciencia queda patente en la obra de Hernández-Pacheco a través de una cuidada composición, una esmerada elección del punto de vista y la atención puesta en la luz. Eduardo Hernández-Pacheco comprendió desde el inicio de su carrera la importancia y utilidad de la fotografía como herramienta para el registro del paisaje. La utilizó no solo para sus estudios sino también para ilustrar sus numerosas publicaciones y en el desarrollo de su actividad docente, como demuestra la colección de diapositivas en vidrio, en su mayoría coloreadas, que se conservan en la Biblioteca Histórica De la Universidad Complutense de Madrid y que Hernández-Pacheco utilizaba como material de apoyo para sus lecciones. Siguiendo la clasificación que el propio Hernández-Pacheco hacía de los componentes del paisaje, la exposición está dividida en varios apartados: roquedo y vegetación, el relieve del terreno, las masas de agua y el hombre en su aspecto etnográfico. Un último apartado está dedicado a sus trabajos paleontológicos. La selección de imágenes se ha llevado a cabo teniendo en cuenta los aspectos documentales de carácter científico y los aspectos estéticos y pretende dar a conocer un fondo fotográfico que, salvo en el ámbito especializado de la paleontología, la geología y la geografía, es totalmente desconocido, así como rendir homenaje a la figura de Eduardo Hernández-Pacheco y a la de su hijo Francisco, su discípulo y estrecho colaborador. Repasando los paisajes fotográficos que componen el vasto legado de Hernández-Pacheco comprendemos su importancia documental, su alto valor estético y reconocemos la capacidad de memoria de la fotografía que, en este caso, nos permite recorrer unos paisajes que, en muchos casos, han sido transformados de forma drástica por la acción del hombre. EDUARDO HERNÁNDEZ-PACHECO (1882-1965)      Eminente geógrafo, investigador y profesor, fue una de las figuras más relevantes del ámbito científico español del S.XX. Durante toda su vida se sintió muy vinculado a Extremadura, de donde procedía su familia y donde pasó toda su infancia, adolescencia y gran parte de su madurez. Fue miembro de la Real Sociedad Española de Historia Natural y la Institución Libre de Enseñanza, desde donde desarrolló nuevas líneas de investigación y formó equipos de colaboradores de alta cualificación científica. De igual forma se vincula a las instituciones científicas y académicas que promovían las investigaciones en todos los campos de la Ciencia española, como la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) o la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, participando en todas las Comisiones científicas y académicas nacionales e internacionales a las que por su prestigio fue propuesto. Publicó gran cantidad de tratados y estudios entre los que cabe destacar por el uso exhaustivo y sistemático de imágenes fotográficas para ilustrar los textos: Síntesis fisiográfica y geológica de España, 1934 y Fisiografía del Solar Hispano (2 vol.)., 1955 y 1956. Fue, igualmente, autor de las innumerables fotografías de gran valor artístico y científico que utilizó para documentar sus investigaciones.

Fuente: Fundación Caja de Badajoz

El autor del Quijote estaba emparentado con un espía británico al servicio de la corona española y con unos plateros de origen inglés, según el historiador sevillano El hallazgo de un acta notarial firmada por Miguel de Cervantes Saavedra con su puño y letra en Utrera el 30 de marzo de 1593 levantó la liebre. El historiador Julio Mayo encontró el documento en los Protocolos Notariales del Archivo Histórico Provincial de Sevilla. El manco de Lepanto, entonces comisario real de Felipe II y encargado de aprovisionar a los barcos de la Armada que escoltaban a los mercantes españoles en la Carrera de Indias, apoderaba en este escrito al arriero Juan de Balbuena para recoger y acarrear cebada y trigo de la zona hasta los puertos gaditanos. El 28 de noviembre de aquel mismo año, ante el retraso de 296 de las 500 fanegas de trigo comprometidas, de nuevo un comisario real se presentó en Utrera a reclamarlas, pero no fue don Miguel, sino «un tal Juan Titón de Cervantes», según comprobó con sorpresa Mayo. «En un principio llegamos a pensar que, dada las habilidades picarescas del escritor, podría haber mandado en su nombre a otra persona con el fin de que pudiese hacer sus veces, por la dificultad de tener que acudir a reclutar cereales a tantos pueblos» y que el cambio de nombre «hubiese sido un error del secretario del ayuntamiento», pero este archivero municipal de Los Palacios averiguó que el susodicho Juan no sólo existió sino que compartió oficio con Cervantes en las mismas fechas, así como jefe (don Cristóbal de Barros), zona de actuación... y hasta apellido. ¿Casualidad? «Es familia seguro», afirma con contundencia Mayo al constatar tantos puntos en común. El historiador sevillano indica además que el apellido Cervantes «era bastante peculiar y singular» en Sevilla y recuerda que el cronista del siglo XVII Rodrigo «Méndez Silva ya refiere que tenía familiares aquí». Si como sostiene Mayo ambos eran parientes, Miguel de Cervantes «tenía familia de origen inglés» ya que Juan Titón era hijo de Hugo Titón de Cervantes, «un espía católico al servicio de la corona española, asentado aquí en la península, que viajaba con frecuencia a Inglaterra en aquellos años de conflictos entre españoles e ingleses». Así lo señala A. J. Loomie en su estudio sobre el cónsul inglés de Andalucía Thomas James.
Titón de Cervantes
Titón de Cervantes- JULIO MAYO Hugo Titón formaba parte de la colonia de mercaderes de la ciudad de Bristol que se habían establecido en Sanlúcar de Barrameda por iniciativa de la Brotherhood of St. George (la hermandad de San Jorge) fundada en 1517 con autorización del duque de Medina Sidonia. Su antepasado sería John Tintam, quien capitaneó una de las expediciones ordenadas por don Enrique de Guzmán en 1482 en la costa de Guinea contra los intereses portugueses en el comercio de esclavos y piedras preciosas. «El apellido inglés Tintam acabó castellanizándose como Titón», sospecha Mayo, que ha encontrado en el Archivo General de Simancas y en el Archivo de Indias más datos sobre Juan Titón de Cervantes y más coincidencias, como que «también estuvo cautivo en Argel como Cervantes». El propio Juan Titón declaró en una petición administrativa datada el 6 de julio de 1589 que tenía 33 años, era hijo de Hugo, que murió a los 80 años en Sanlúcar tras haber vivido 60 años en España. Juan ofrece en ese documento multitud de detalles sobre las costas inglesas y señala que como su padre, pertenece a la Inquisición (Archivo General de Simancas, E 2851). El apellido Titón aparece relacionado con una obra cervantina, «La española inglesa», sembrada de recuerdos autobiográficos como señaló en 1900 Norberto González Aurioles. En el convento de Santa Paula de Sevilla, donde se desarrolla esta historia, fue abadesa en 1590 doña Juana de Cervantes Saavedra, familiar carnal del literato, y frente al mismo vivía el matrimonio formado por María Titón y Francisco de Cifuentes. «Difícil es averiguar qué género de relaciones pudo tener Cervantes con Francisco de Cifuentes, pero tengo por indudable que tales relaciones existieron», señaló en su día González Aurioles al comprobar que llevaba el mismo apellido que uno de los personajes de «La española inglesa». La clave, revela Mayo, está en su esposa María Titón, de quien sería pariente.
Herver de Cervantes Una hija de este matrimonio, Ana de Santo Domingo, ingresó en este convento, al igual que la hija de Juan de Herver de Cervantes e Isabel de Salamanca en 1577. González Aurioles sospechó a finales del XIX del posible parentesco de este Juan de Herver con el célebre escritor. «Hoy sabemos que Herver, de Hervert, es un apellido de origen inglés», explica Julio Mayo. Según cuenta el erudito José Gestoso y Pérez en su diccionario, los Herver eran plateros y habían llegado procedentes de Córdoba, la ciudad donde el licenciado Juan de Cervantes, abuelo de don Miguel, tuvo cargos oficiales durante varios años. «Todos estos datos demuestran que los Cervantes estaban emparentados con extranjeros y que el autor del Quijote tenía parientes en Sevilla», afirma el historiador. Así se explica, a su juicio, el conocimiento de Cervantes de la corte inglesa o cómo pudo describir la capacidad portuaria de Londres. «Si no estuvo en Inglaterra, que no está probado, sí fue conocedor de multitud de detalles que podrían haberle proporcionado sus familiares» y que el propio Cervantes podría haber completado consultando las obras de literatura inglesa de la biblioteca de los jesuitas. Sus lazos familiares también explicarían cómo Cervantes, «un hombre católico del Imperio de Felipe II, nunca rezuma animadversión hacia los ingleses». «Hay una clara conexión familiar, un claro vínculo con Inglaterra», resalta Mayo, para quien estos aspectos hasta ahora desconocidos de su biografía «son aportaciones que repercuten en su obra completa». «Hay que tener en cuenta este nuevo aspecto biográfico documentado de su vida», dice convencido de que «estamos más cerca de entender, a través de Sevilla, las conexiones de Cervantes con su familia de origen inglés y la Inglaterra de Shakespeare». Julio Mayo desconoce si alguna obra de William Shakespeare llegó a manos del príncipe de los ingenios españoles, pero se muestra convencido de que el inglés «sí tuvo que leer a Cervantes» habida cuenta de las similitudes que encuentra en «Cimbelino», una de sus últimas obras de teatro, con la historia de «El curioso impertinente», o los pasajes de «Cardenio» que recuerdan al Quijote. La conexión que existía entre los puertos de Londres y Sevilla habría llevado la obra cervantina hasta Inglaterra y la acogida debió de ser notable, a juicio del historiador, porque «en 1616 ya se traduce "El Quijote"al inglés».

Fuente: ABC

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