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El escritor mexicano Fernando del Paso (Ciudad de México, 1935) ha ganado este jueves el Premio Cervantes 2015. Se cumple así una vez más la costumbre de alternar cada año entre un autor español y uno latinoamericano, después de que Juan Goytisolo lo ganase en 2014. El ministro de Educación, Cultura y Deportes, Íñigo Méndez de Vigo, ha sido el encargado de anunciar el fallo del jurado, presidido por la académica Inés Fernández Ordóñez, aunque la noticia se filtró minutos antes de su comparecencia en la cuenta de Twitter de la RAE. Del Paso recibirá el premio el próximo 23 de abril en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, día en que se cumplirán 400 años de la muerte de Cervantes. El jurado ha concedido el premio a Del Paso "por su aportación al desarrollo de la novela aunando tradición y modernidad, como hizo Cervantes en su momento. Sus novelas están llenas de riesgo y de episodios fundamentales de la Historia de México, haciéndolos universales". La presidenta del jurado, Inés Fernández Ordóñez, de la Real Academia Española, ha destacado "el carácter innovador tanto en lo formal como en el contenido" de la obra de Del Paso, y lo ha calificado como "uno de los autores más leídos y premiados" de su país. Del Paso es el sexto mexicano que recibe el Premio Cervantes, la nacionalidad más premiada después de la española. Antes que él se lo llevaron sus compatriotas Octavio Paz (1981), Carlos Fuentes (1987), Sergio Pitol (2005), José Emilio Pacheco (2009) y Elena Poniatowska (2013). La primera obra que publicó Fernando del Paso fue Sonetos de lo diario, en 1958. Su primera novela, José Trigo, fue publicada en 1966, año en el que obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia. En 1976 escribió Palinuro de México, que recibió el Premio de Novela México a la mejor novela inédita y, posteriormente, el Premio Internacional Rómulo Gallegos (1982) y el Premio a la Mejor Novela Publicada en Francia (1985). Su tercera novela, Noticias del Imperio, fue publicada en 1986. De estas dos últimas obras existen traducciones al inglés, francés, portugués, alemán, holandés y chino. En 1995 se publicó su cuarta novela, Linda 67; en 1998, La muerte se va a Granada, obra de teatro en verso sobre Federico García Lorca; y en 1999 publicó Cuentos dispersos, libro editado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Del Paso ha publicado también varios ensayos. El primero de ellos fue El coloquio de invierno, escrito en 1992 junto a Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. También escribió uno sobre el Quijote, una biografía de Juan José Arreola y, en 2011, una serie de ensayos sobre el islam y el judaísmo. Además de escritor, Del Paso es dibujante y pintor, y ha presentado sus obras en Londres, Madrid, París y varias ciudades de Estados Unidos. Inició estudios de Economía en la UNAM antes de centrarse en su carrera literaria, y también se ha dedicado a la publicidad y al periodismo cultural, así como a la diplomacia. Vivió dos años en Estados Unidos, 14 en Londres y 8 en París, donde ocupó el cargo de consul general de México. En 1991, Del Paso recibió en su país el Premio Nacional de Letras y Artes. Desde 1996 es miembro del Colegio Nacional, la academia mexicana de las ciencias, las humanidades y las artes. El jurado del Premio Cervantes ha estado integrado por once personas: Inés Fernández Ordóñez, a propuesta de la Real Academia Española; Juan Guillermo Gelpí Pérez, a propuesta de la Academia portorriqueña de la Lengua; Pedro Manuel Cátedra García, a propuesta de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; Verónica Ormachea Gutiérrez, a propuesta de la Unión de Universidades de América Latina; el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha; el ministro de Educación y Cultura, Íñigo Méndez de Vigo; dos representantes propuestos por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España y la Federación Latinoamericana de Periodistas; un miembro de la Asociación Internacional de Hispanistas, que no puede ser de nacionalidad española ni iberoamericana; y, por último, los dos últimos ganadores del Premio Cervantes, Juan Goytisolo y Elena Poniatowska.

Fuente: El Cultural

En un lugar de la mancha. Con minúscula esta vez, que aunque también manchega, el lamparón es de tinta. Empuña el lápiz Miguel Gómez (Madrid, 1960) y recrea a trazos la vida del gran genio de la literatura española, el maestro Cervantes. El ilustrador, que firma sus trabajos con el pseudónimo de Gol , desempolva lo que en un principio estaba concebido como un guion de teatro -que llevaba guardado en un cajón desde hace años- y lo adapta a su otra especialidad aparte de las tablas, la novela gráfica. La casualidad o el destino bien entendido hace que coincidan en nombre y en su día en personaje. El ilustrador se caracterizó de Sancho Panza encima de un escenario y esa primera toma de contacto con el universo cervantino le marcó para desarrollar su obra. Y mañana, en un formato poco habitual para el dramaturgo, presenta Cervantes, la ensoñación de un genio (Dibbuks, 2015) en Todolibros a las 19 horas. Casi doscientas páginas a todo color en las que el autor pretende reflejar la motivación e inspiración del escritor para escribir la biblia literaria nacional. Según apunta Gol , la obra transcurre en un corral de comedias y muestra a un joven Cervantes en cuatro vertientes. "Mi objetivo era poner de relieve algo que estaba ahí, cuál fue el proceso de creación del Quijote que tanta importancia ha tenido para la literatura española", apunta. El autor concibe esta obra como una oportunidad para "conocer al autor". "Conocemos a sus personajes, pero de él sabemos poco", apostilla el historietista. Aunque se muestra prudente en su admiración hacia el manco de Lepanto , no duda en afirmar que es un escritor que "deja huella". Y justamente aprovecha esa fascinación para rendirle homenaje en 2016, año en el que se cumplen 400 de su muerte. Quizá es su atracción por el pasado lo que le ha llevado a escribir sobre uno de los iconos por excelencia del ideario español. Aunque prolífico en su obra gráfica con más de una treintena de cómics publicados, Gol alterna su traje de viñetista con textos para teatro y publicaciones sobre la historia, la última con referencias extremeñas -Historia de Extremadura contada a los jóvenes - y con la presidencia de Extrebeo, la asociación de ilustradores extremeños.

Fuente: El Periódico Extremadura

El catedrático Francisco Moreno Fernández narra en un libro la travesía del idioma desde su nacimiento en el siglo VIII hasta hoy
Monasterio de Silos, donde se escribieron algunos de los primeros documentos en castellano. Foto: Shemsu.Hor / CC BY-ND
El idioma que hoy hablan 500 millones de personas comenzó siendo una lengua de campesinos y pastores, una variante del latín vulgar que surgió en una pequeña zona del norte de Hispania en el siglo VIII y que se parecía mucho a las de otras tierras vecinas. La impresionante travesía que emprendió entonces hasta convertirse en lo que es hoy (la tercera lengua más hablada en el mundo) la explica el catedrático Francisco Moreno Fernández en La maravillosa historia del español, libro editado por el Instituto Cervantes y Espasa. El autor, director ejecutivo del Observatorio del Instituto Cervantes en la Universidad de Harvard, sitúa el nacimiento del castellano entre los años 750 y 950 en el señorío de Castilla, que por entonces aún dependía del Reino de Asturias (luego de León) y abarcaba la Asturias oriental, Cantabria y Burgos. A este marco geográfico hay que sumar las tierras adyacentes de lo que hoy es Álava, La Rioja y León. Castilla era por entonces una entidad política "débil e insignificante", comparada, por ejemplo, con el califato Omeya que había invadido casi toda la Península Ibérica en el año 711. El condado castellano aún estaba lejos de convertirse en el imperio que siglos después llevó el español a América y lo convirtió en la lengua hegemónica de la diplomacia europea. Entre el nacimiento de nuestra lengua y ese momento de esplendor iniciado en el siglo XVI, Moreno Fernández incluye muchos hitos que jalonan la gran aventura del español, así como otros que han influido posteriormente de manera determinante en la evolución y diversificación del idioma, como las independencias americanas y los retos lingüísticos de nuestra era virtual. Pregunta.- De todas las razones que explican el nacimiento del castellano, ¿cuáles fueron las más determinantes?
Respuesta.- Esas razones podrían resumirse en una sola palabra: distancia. Pienso en la distancia temporal respecto de la época en que el latín era una lengua bien asentada; pienso en la distancia lingüística respecto del latín clásico y en la distancia geográfica respecto de otras variedades neolatinas: los desplazamientos en la época medieval eran lentos y complicados. Y también me refiero a la distancia social y estilística porque el latín de las iglesias y las escuelas dejó de entenderse. Ahí surgió la conciencia de estar hablando otra cosa, aunque no se supiera muy bien qué era. Por eso en una primera época se hablaba de “román” o “romance” y no de “castellano” o de otras modalidades. P.- Si el castellano nació como una variante romance más, ¿por qué se impuso durante la Reconquista en vez de otras lenguas romances peninsulares como el asturleonés?
R.- Una cosa es el origen de la nueva modalidad romance, que, en el caso del castellano, fue cosa de campesinos y ganaderos, junto a clérigos y guerreros; y otra cosa es su expansión. La primera Castilla dependía de León, pero en el siglo XI se convirtió en reino, al transmitirse la herencia del rey leonés Fernando I a su hijo Sancho. La prevalencia del reino de Castilla sobre los demás reinos peninsulares fue un proceso militar y político, al que no fueron ajenos los matrimonios y herencias de las más distinguidas familias peninsulares. P.- Explica en el libro que en la pujanza del castellano influyeron mucho Fernando III y Alfonso X. ¿Hasta qué punto la expansión del castellano fue impulsada "desde arriba", desde la Corte?
R.- Efectivamente, la expansión del castellano obedeció a procesos impulsados “desde arriba”. La expansión geográfica de Castilla fue en sí misma un hecho capitaneado por los grupos más poderosos y que resultó decisivo para la implantación de la lengua. Pero me interesa destacar la importancia del progresivo enriquecimiento lingüístico del castellano, de su naturaleza como variedad de paso o encuentro y del aumento de su consideración social. En este último tuvieron que ver las cancillerías, los monasterios y la gente culta de cada época, como los traductores, los escribanos, los filósofos. Los reinados de Fernando III, Alfonso X y Sancho IV resultaron decisivos para fortalecer el castellano en su ortografía, en su léxico, en su capacidad discursiva. P.- Es famosa la convivencia cultural de las tres religiones del libro en Al-Ándalus y sobre todo en Toledo. ¿Qué influencia tuvo en el aspecto lingüístico? ¿Realmente se produjo una convivencia tan idílica como se cree o se ha mitificado?
R.- La convivencia entre religiones siempre es compleja porque la fe de uno se apoya en la negación de la fe ajena. En este sentido, ni la Al-Ándalus de Averroes ni el Toledo medieval fueron paraísos de hermandad. Sin embargo, en ciertas épocas consiguieron un equilibrio “ecológico” o funcional del que se benefició la cultura de todos ellos porque la cultura en sí misma es integradora. Los contactos del castellano y el árabe dieron lugar a la aparición de formulas lingüísticas y literarias de gran importancia para la lengua española y para la cultura europea. La lengua diplomática del siglo XVI
P.- También explica en el libro de qué manera el español, por la importancia del imperio, fue muy importante en Europa en el siglo XVI. ¿Hasta cuándo duró ese prestigio y cómo perdió su hegemonía frente a otras lenguas como el francés y el inglés?
R.- Una vez más, la lengua, en lo que se refiere a su extensión geográfica, fue de la mano de la política y de la milicia. En los siglos XVI y XVII hubo términos que desde el español se extendieron por toda la Europa imperial, desde Nápoles a Flandes (entregar, infante, alborotar). El declive europeo del español acompañó al declive imperial, de modo que la Guerra de Sucesión, a principios del XVIII, supuso también un repliegue del prestigio y de la capacidad de influencia de la lengua española en Europa. Sin embargo, las huellas culturales que el español dejó en el sur de Italia, en los Países Bajos y hasta en el Reino Unido no han podido desaparecer tan fácilmente. En inglés aún se utiliza un refrán tomado de Cervantes: en los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño. P.- ¿De qué manera influyeron las independencias americanas en el afianzamiento de las variedades autóctonas del español en cada país?
R.- Los procesos de independencia fueron, sin duda, decisivos, no tanto en la aparición como en la consolidación de las variedades americanas. Las dificultades de comunicación en un territorio tan inmenso como el americano favorecían el desarrollo autóctono de un español rioplatense, chileno, andino, mexicano... Todavía hoy se padecen esas dificultades de comunicación entre países americanos, lo que afecta de manera decisiva a la difusión de la cultura. Al menos las tecnologías de los siglos XX y XXI están permitiendo superar más fácilmente las barreras geográficas y eso terminará reforzando la cohesión de la lengua. P.- ¿De qué manera influyó en la evolución de nuestro idioma el proceso de alfabetización iniciado en España a mediados del XIX?
R.- El acceso a la cultura es fundamental para el uso, el crecimiento y el mantenimiento de una lengua. Pensemos que en el XIX una parte de la población de España no conocía el español. El analfabetismo es un factor que favorece la conservación de variedades populares y tradicionales. La cultura y la educación, en cambio, nivelan los usos lingüísticos. Esta es la razón, junto a la movilidad, la urbanización y los medios de comunicación, de que estén desapareciendo muchas hablas locales o regionales, en beneficio de usos más generales. Como dialectólogo, me entristece que desaparezcan modalidades minoritarias o apartadas, vestigios de culturas populares tradicionales. Como ciudadano, en cambio, me alegra saber que la mayor parte del mundo hispanohablante está erradicando el analfabetismo. A pesar de todo, internet está dando a muchas variedades locales el espacio con el que no cuentan en el mundo físico. Además, todo apunta a que el patrón del monolingüismo será sustituido por el del bi o trilingüismo. P.- ¿Qué es más correcto, decir "español" o "castellano"? ¿Depende del momento histórico al que nos refiramos?
R.- Efectivamente, puede tratarse de momentos históricos, pero en la actualidad es más bien una cuestión de geografía. Ambas formas son correctas e intercambiables, aunque cada pueblo hispánico tiene sus razones para el empleo de una u otra, sin que por ello deban ofenderse los demás: los castellanos siempre han llamado así a la lengua de su tierra; hay andaluces que prefieren decir español porque dicen que no hablan como los castellanos; en América del Sur predomina “castellano” porque argumentan que allá no se habla como en España, mientras en México se prefiere “español” sobre todo como oposición al inglés. Hay mil razones y todas válidas, aunque “español” es la variante internacionalmente más consolidada y lingüísticamente más adecuada. Aun así, a muchos se les queda pequeña y prefieren decir “habla hispana”. P.- ¿Cuáles son las principales herramientas con las que cuenta un historiador de la lengua y que permiten, como comenta en el libro, seguir el rastro de los términos que, como comenta en el libro, pasaron de León al Caribe pero no a Aragón, por ejemplo?
R.- El principal procedimiento metodológico -el principal “camino”, de acuerdo a la etimología de “método”- es la consulta de los textos originales, así como la atención a los testimonios de los contemporáneos, a la literatura y a los diccionarios. Afortunadamente, la tecnología empleada por instituciones universitarias y académicas está poniendo a disposición de los investigadores documentos de todas las épocas mediante recursos informáticos muy rápidos y potentes. Ya contamos con colecciones de textos escritos, llamados “corpus”, a los que se accede con procedimientos de búsqueda muy eficaces. Invito a los lectores a consultar, por ejemplo, el Corpus del nuevo diccionario histórico del español. En cualquier caso, los corpus no recogen toda la producción escrita de una lengua, por lo que todavía hay espacio y tiempo para la consulta curiosa y demorada de legajos polvorientos. P.- ¿Cómo ve el futuro del español y cuál es su principal reto?
R.- Una vez alcanzada una madurez lingüística y una plenitud literaria, el principal reto del español actual es lograr su completa incorporación a las tecnologías del conocimiento y de la comunicación. Ya no se habla de conquistas geográficas; ahora se trata de estar presente, con los recursos adecuados, en los espacios virtuales. Otro reto es el de satisfacer convenientemente la demanda de enseñanza de español como lengua segunda y extranjera. Ello se consigue de modos diversos: formando buenos profesores, elaborando manuales apropiados, actualizando los recursos didácticos, adecuando la pedagogía a las necesidades de cada entorno. Es mucho lo que queda por hacer. En lo demás, el español está desde hace tiempo entre las lenguas de mayor vitalidad, historia y personalidad, y cuenta con una estandarización -ortografía, diccionarios, gramáticas- a la altura de los tiempos

Fuente: El Cultural

A mediados de los noventa, ya como fotógrafo profesional, se recorrió medio mundo por encargo de National Geographic y otras editoriales y más allá de los temas del momento, en su cámara siempre traía fotos propias con esa atmósfera mitológica. El cuerpo y el trabajo como expresión artística. Cuando se topó con los operarios de una destilería de México tratando el tequila no puedo evitar el paralelismo con Montánchez. En Guatemala le deslumbraron los cortadores de caña de azúcar y en Extremadura encontró vulcanos en las almazaras de aceitunas, en los chozos de Alburquerque o en los cortadores de corcho de San Vicente de Alcántara. El rastreo mitológico tan personal se puede ver desde ayer en la sala de la Diputación de Badajoz de la calle Obispo San Juan. De la muestra destaca un políptico que forman seis piezas de tres metros por dos que muestran el interior de los chozos de paja de la Raya en el que vivían pastores. «Es un trabajo más sugerente que evidente», explica el autor. Andrada también se ha preocupado por facilitar el diálogo entre las más de treinta fotos que integran la presentación. Cuesta encontrar más de tres del mismo tamaño. Hay algunas de un metro cuadrado y otras de 13 centímetros por 18. Cada una tiene su propio espacio y hay una armonía en el conjunto. Andrada cuenta que ahora su vida tiene poco que ver con la de los noventa. La financiación de las editoriales a fotógrafos para grandes proyectos de viajes forma parte del pasado. «Todos nacemos con una bandera que pertenece a nuestra generación, que en realidad es tu identidad. Yo no digo que mi mundo profesional de aquella época sea mejor que éste, era mi mundo y era en el que me hubiera gustado seguir viviendo, pero acepto los nuevos cambios». A sus 52 años, lleva media vida atrapado por la fotografía. Empezó a los veinte como profesional, siempre tentado por la pintura, en la cámara encontró como justificar lo que no podía hacer con el pincel. Tras pasar algún tiempo como fotógrafo en Extremadura, se mudó a Madrid y halló el Museo de El Prado. «Mi gran contenedor de ideas, descubrí lo que es la luz, los colores, el volumen y esa fue mi formación». El barroco está muy presente en todo su trabajo. El rojo y el negro son dos colores básicos en su obra. «Uno es la pasión y el otro el misterio y la sugerencia». Con esta paleta ha conseguido una personalidad propia. «Es como un sello, hay gente que por los tonos y los colores puede intuir que se trata de una foto mía». Ahora espera que parte del público que pase hasta el 12 de diciembre por la Diputación se identifique con algunos de los personajes de las fotos y recuerden su infancia y sus pueblos. «Estoy muy de acuerdo con Luis Landero, son seres que corresponden a otro tiempo y otro lugar. Pertenecen al pasado, pero se recordarán en el futuro».

Fuente: HOY

‘Desnudo acostado’ se ha subastado por 158 millones en Nueva York La obra Nu Couché (Desnudo acostado) de Amedeo Modigliani subastada en Christie's consiguió llegar hasta los 158 millones de euros (170,4 millones de dólares) de premio final con lo que superó con creces el último récord del artista, que se situaba en 66 millones. La pintura del italiano se ha convertido en la segunda obra por la que más se ha pagado en una subasta de arte en la historia, después de la  Las Mujeres de Argel de Picasso. La obra más cara de la historia, sin embargo, es Nafea faa ipoipo de Paul Gauguin que fue adquirida por un comprador catarí a cambio de 300 millones de dólares (270 millones de euros). Nu Couché, que ha superado las expectativas de Christie's de 100 millones de dólares, es uno de los últimos trabajos de la trágicamente corta carrera de Modigliani, el paradigma del pintor bohemio romántico en París. Aunque no fue el único de sus desnudos, si se trata del más desinhibido por la postura de la modelo, que muestra su cuerpo acostada y con las piernas y brazos abiertos. El récord para el artista italiano ha tenido lugar en la primera gran noche de subastas de Christie's de otoño, dedicada a "la musa del artista" y que ha contado con 34 pinturas y esculturas de maestros como Paul Gauguin o Roy Lichtenstein, que también han conseguido sus propios récords.
Publicidad Así, la escultura Thérese, de Gauguin, consiguió 30,9 millones de dólares de precio final, más que ninguna obra anterior del artista. Igualmente, la colorista Nurse (Enfermera), de Liechtenstein, que partía con una estimación de 80 millones de dólares, consiguió llegar los 95,3 millones, lo máximo jamás pagado por una obra del artista pop hasta la fecha (56 millones). La famosa y colorista obra, quinta esencia de la heroína de Lichtenstein, llevaba décadas fuera del mercado en manos de un coleccionista privado.

Fuente: El País

La programación de la semana cultural dedicada a Felipe Trigo incluirá un acto de homenaje a Jose Miguel Santiago Castelo. Así lo anunció ayer en Mérida el alcalde de Villanueva de la Serena, Miguel Angel Gallardo. El regidor se desplazó a la capital extremeña para presentar junto a la secretaria general de Cultura, Miriam García Cabezas, las novedades del premio literario este año, que en esta ocasión se fallará, de forma excepcional, el próximo 27 de noviembre en el transcurso de una gala literaria, para evitar que coincida con el proceso electoral del 20 de diciembre, mes en el que se concede tradicionalmente el galardón. La gala se celebrará en el nuevo pabellón multiusos Juan Hidalgo y combinará teatro, danza, música y literatura, con el homenaje al arte como hilo conductor. El actor extremeño José Vicente Moirón será el director artístico de la velada, con textos del escritor Miguel Murillo, y la presentación del periodista Maxim Huerta y el jurado estará presidido por la exministra de Cultura y directora de cine Angeles González-Sinde. La semana cultural dedicada a Felipe Trigo será del 23 al 28 de noviembre e incluirá un encuentro literario con el escritor extremeño Jesús Sánchez Adalid, dos exposiciones, una de las monedas encontradas enterradas cuando se construyó la casa de la cultura, y la otra, en el Contenedor de Arte; teatro con la puesta en escena de El Cerco de Numancia ; la actuación musical del grupo Manantial Folk o de la zarzuela con la obra La del manojo de rosas . HOMENAJE A SU PROMOTOR Miguel Angel Gallardo ensalzó la figura del poeta y escritor extremeño José Miguel Santiago Castelo, fallecido este año, a quien se homenajeará en esta edició. Gallardo indicó que el periodista y poeta fue promotor, impulsor y mentor del galardón, y que el jueves día 26 de noviembre se hará entrega, a título póstumo, del nombramiento de Castelo como hijo adoptivo de Villanueva. Gallardo destacó el prestigio del premio, tanto en España como en Latinoamérica. A esta edición se han presentado cerca de 300 obras y 15 son finalistas.

Fuente: El Periódico Extremadura.

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