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Dice el historiador local y colaborador de este diario Alonso J. Corrales que «viajar es enriquecedor para las personas, pero antes de lanzarnos a ir fuera, deberíamos conocer bien nuestra ciudad». Con este propósito, ayer presentó en la carpa de autores de la XIX Feria del Libro la tercera edición de 'Cáceres, sus construcciones ocultas', publicado por Tau Editores.

De esas construcciones a las que hace referencia, la llamada 'galería de la Reconquista' es la «columna vertebral» de los pasadizos y túneles más o menos secretos que cruzan la Ciudad Monumental. Esta galería parte de la Torre de los Pozos y alcanza al menos hasta el jardín del Museo de las Veletas, aseguró ayer.

Corrales reconoció que le empezó a «picar la curiosidad» en las tertulias de amigos, en las que la mayoría gustaba de contar leyendas; sin embargo, él se quedó con el interés por conocer esas construcciones subterráneas que a veces se mencionaban de pasada.

Quien sí ha indagado y con éxito en la leyendas es José Luis Hinojal, autor de 'Magia y superstición en la vieja villa de Cáceres', también de Tau Editores. Acompañado de otra especialista en la materia, Israel J. Espino, habló de brujas, exorcismos y seres encantados en una carpa llena de público. «Al final, lo importante en la vida es lo que se recuerda», aseguró Hinojal, trazando una fina línea entre realidad y ficción, entre lo que sucede realmente y lo que cada persona cree percibir.

Otro tipo de secreto, o de grave incógnita al menos, es la que intenta resolver el Club Sénior de Extremadura, que en la sesión matinal del lunes presentaba 'Qué nos pasa a los extremeños para estar donde estamos/Reflexiones autocríticas mirando al futuro' (Beturia Ediciones). En el volumen han participado 20 especialistas, entre otros José Julián Barriga y Marcelo Muriel, que ayer presentaron el libro, acompañados de Alfonso Pinilla, director del Servicio de Publicaciones de la Universidad extremeña.

Hay que recordar que el Club Sénior reúne a extremeños de amplia trayectoria profesional interesados en colaborar en el progreso de la región. En este línea, el libro es «un intento de reflexión plural e independiente» sobre una única cuestión: por qué la renta per cápita y el Producto Interior de Extremadura (PIB) de Extremadura son los menores de España y su índice de paro estimado el mayor autonómico.

El libro cuenta con el prólogo de María Ángeles Durán, primera catedrática de Sociología en España, y la presentación del filántropo Diego Hidalgo Schnur.

La jornada de ayer se completó con las presentaciones de 'El hombre que amaba a Rita Hayworth', de David Narganes, y 'La senda de la estampida', de Eduardo Dávila.

Hoy interviene la portuguesa Ana Margarida de Carvalho, a las 18.30 horas, y se presentan los 'Cuentos populares extremeños ilustrados', desde las 19.45.

Fuente HOY

La periodistas extremeña Pepa Bueno, de la cadena SER, ha recogido este viernes el galardón de la III edición del Premio Santiago Castelo a la Trayectoria Periodística creado por el Ayuntamiento de Don Benito.

La entrega ha contado con la presencia del presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, del alcalde de la localidad, José Luis Quintana, así como la portavoz y responsable de Relaciones Institucionales de la Junta de Extremadura, Isabel Gil Rosiña, y la consejera de Cultura e Igualdad del Ejecutivo autonómico, Leire Iglesias, entre otras autoridades.

En su intervención, el presidente extremeño ha defendido la importancia de contar con medios de comunicación libres y autónomos para contar con democracias verdaderas, informa la Junta en una nota de prensa.

"El periodismo es absolutamente imprescindible en democracia, sin periodismo independiente no hay democracia", ha asegurado el jefe del Ejecutivo autonómico, quien ha subrayado la figura de Pepa Bueno y la del periodista extremeño que da nombre al galardón que ha recibido, José Miguel Santiago Castelo.

Ha indicado que el periodismo en España ha dado "extraordinarios periodistas" a lo largo de la historia y ha indicado en este sentido la "capacidad de credibilidad" con la que cuenta Pepa Bueno, algo que "no es fruto de la casualidad, sino del trabajo de muchos años y de hacer las cosas bien en una profesión muy dura".

"Muchas gracias por llevar siempre el nombre de Extremadura y por no perder el acento", ha indicado Fernández Vara a Pepa Bueno, quien ha insistido en la importancia de defender el periodismo libre porque sin él "las democracias son imperfectas".

El presidente de la Junta de Extremadura ha recordado también en este acto la figura de otro extremeño insigne, Reyes Abades, a quien se ha rendido este viernes homenaje en Cáceres y que también llevó el nombre de la región por todo el mundo.

Fuente ELPERIODICOEXTREMADURA

Colombia, Alemania, Inglaterra, Bélgica, Irlanda y Holanda y, por su puesto, España. Son algunos de los países con representación, por distintos vecinos, en el Pago de San Clemente, un pequeño núcleo de población perteneciente al término de Trujillo. Esa variedad de nacionalidades resalta en un padrón de cerca de 80 personas, según fuentes municipales.

Unos cuentan con viviendas, grandes o pequeñas, dentro del casco urbano. Otros disfrutan de su estancia en terrenos con una gran diversidad de casas de campo y lagares. La mayoría de ellos sintió un 'flechazo' por este núcleo de población, atraídos por su tranquilidad y su naturaleza, rica en flora y fauna. Ejemplo de ello es el amplio 'abanico' de aves existente. Estos condicionantes, junto a esa mezcla de culturas, hacen del Pago de San Clemente un lugar singular.

Este arrabal, situado a 13 kilómetros de Trujillo, acoge a políticos de ámbito local, regional y nacional ya retirados, nombres de prestigio del mundo de la literatura, de la restauración y del arte, junto a industriales de éxito. Todos ellos conviven con otros vecinos oriundos de esta zona. Unos utilizan estas viviendas para disfrutar de largas estancias o fines de semana. Para otros, se ha convertido en su residencia principal, a pesar de estar a miles de kilómetros de su lugares de origen. A pesar de ello ya han echado raíces en este paraje natural.

Un ejemplo de ello es el matrimonio formado por Claudia Camacho y Martin Kelsei. Ella, colombiana y él, inglés. Ambos ya se sienten parte de Extremadura. Regentan una casa rural. Hace 20 años buscaban poner en marcha un negocio relacionado con el turismo ornitológico. En esa época el número uno de este sector era España. Tras ver distintas partes del país durante siete años les llamó la atención Extremadura y, sobre todo, Trujillo y sus alrededores. Al final, casi por casualidad, dieron con lo que ahora es su medio de vida y su hogar. En 2005 abrió sus puertas El Recuerdo y hasta la actualidad.

Ahora, estos vecinos se han convertido en grandes defensores del Pago de San Clemente, para que se cuide. «Es una zona muy bonita, siempre con luz y con una naturaleza maravillosa que te llena de buena energía», explica Claudia. «Los caminos, el paso de las aves, como las grullas, su cielo y las estrellas», destaca su marido. No se olvida del «famoso» microclima, sobre todo en verano, con unas temperaturas más agradable que en los alrededores. Por todo ello, consideran que es necesario que haya una concienciación para su conservación.

Geoff y Sue Gibson, de Inglaterra, compraron su vivienda en 2008. Querían un sitio en España con tranquilidad y paz. Primero visitaron el sur, pero «allí había muchos ingleses», sostiene Geoff con un esforzado castellano. Al final una española les aconsejó que visitaran Cáceres. Así lo hicieron, alojándose en la casa rural de Claudia y Martin. Gracias a sus recomendaciones, adquirieron su nuevo hogar. Desde hace poco se ha convertido en su residencia principal, aunque de vez en cuando tienen que viajar a Inglaterra por cuestiones de trabajo. Eso sí, gracias a Internet, él puede estar conectado con la empresa. «Extremadura es paz y tranquilidad. Todo es estupendo», sostiene. Ahora, trabajan en algunos de sus anhelos, un jardín con plantas mediterráneas y un huerto.

El caso de Peter Hemelaer, natural de Bélgica, es diferente. Está casado con una trujillana. Aunque vivieron en Madrid, «la tierra y la familia de mi mujer tiraba bastante». Por tanto, cambiaron el ruido de la capital madrileña por la tranquilidad y la naturaleza del Pago San Clemente en una de las parcelas alrededor del casco urbano. Reconoce que les costó encontrar algo que le gustase hasta que vieron su actual casa, con una gran vista. «Me enamoró», reconoce. Llegaron a mediados de 2000. A pesar de ello, no estuvo exento de problemas, como el teléfono y la luz, que tardaron un año en instalárselos. Totalmente asentados, se desplazan cada día a Trujillo a su trabajo.

Otro inquilino es el alemán Valentín Kranz, casado con una vallisoletana, aunque su familia ha pasado mucho tiempo en Cáceres. Hasta hace poco tiempo vivían en la plaza Mayor de Trujillo. Con una hija pequeña decidieron trasladarse a un lugar más tranquilo. Eligieron el Pago de San Clemente. «Esta zona y Extremadura en general es una joya escondida», señala. Este vecino apunta que este territorio les sirve para desconectar. Destaca que se pueden despertar con el canto de los pájaros y disfrutar el aire fresco y de la naturaleza. Cuenta con varios proyectos empresariales que podrá dirigir a través de Internet.

Convivencia
¿Y la convivencia con los vecinos? El trato es muy bueno. «El sentido de comunidad es importante», sostiene Martin. Su esposa recuerda que esos vecinos les ayudaron a asentarse en este nuevo hogar. «Hemos sido recibidos muy bien, con los brazos abiertos», añade Valentín. De hecho, esa buena convivencia la consideran primordial.

A pesar de ello, todo es mejorable. Entre otros aspectos, critican que se utilicen pesticidas y herbicidas en parcelas. «Así matamos todo», señala Peter. Geoff y otros compañeros piden puntos de acopio para los restos de poda, generada de la limpieza de la multitud de parcelas. En distintos casos, termina en una zona de contenedores, convertida en vertedero improvisado. También lamentan que en ocasiones esa tranquilidad se ve truncada por la música a altas horas de la madrugada.

Uno de los vecinos que ha visto llegar a muchas personas, españolas y extranjeras, es el abogado Alberto Moreno. Pasó allí su niñez. Cuando cumplió los 12 años, se trasladó con su familia a vivir a Cáceres. A pesar de ello, la casa familiar de este núcleo de población ha sido su referencia los fines de semana. En la actualidad ese paraje le sirve para desconectar de la rutina diaria. Destaca entre otros aspectos ese microclima existente. Este hecho propicia que en un mismo espacio convivan diferentes especies que en otros lugares sería impensable, al menos, así se lo contaba su abuelo.

Tiene claro que todo el mundo que llega y observa este le paisaje le enamora. Moreno remarca esa buena relación con las personas que llegan de nuevo. «Siempre son bien acogidos», añade.

Fuente HOY

Tengo en mis recuerdos infantiles referencias de ese rincón bucólico, espacio acurrucado entre montañas amables que resultaba tan provechoso a nuestros antepasados. Personajes de mi familia como mi tío-abuelo Francisco Correa Gamero, conocido como “Lagartijo”, o mi padre, fueron pescadores con cañas sisadas en los regatos. Usaban cebos sacados de la tierra, lombrices que iban a parar al calabazo con tierra bastante para que permanecieran vivas. Mi abuelo Feliciano, gran nadador, socorrió a una lavandera, recuperando del fondo la moneda de plata que su marido había ganado y cayó del pantalón que lavaba. 

En los siglos precedentes en estas tierras de secano y guerras, las carencias fueron compañeras de la mayor parte de los jerezanos. Por eso y por la necesidad de hallar una reserva de agua que pudiera garantizar la molienda en los arroyos que están debajo de la presa, se pensó en construir este embalse.

Cuando publiqué “Las ordenanzas municipales de 1758” recogí noticias sobre el lugar que demuestra la preocupación de los gobernantes por cuidar esa alacena de pescado fresco. De tal modo que el Título Diez y Capít. 1º, dice: “De los pescadores y de las riberas, y Albuera de esta ciudad y precio a que deben vender el pescado”, señalando que se venda al precio que el Caballero Regidor Mesero les señalare. Del mismo modo se prohíbe percudir las aguas con productos que maten a los peces, porque dice “adormecen los referidos pescados e infringen daño a los ganados que beben sus aguas”.

El celo por los vecinos indicaba que en modo alguno lo pescado en los arroyos y charla de La Albuera se venda fuera del término de la ciudad, porque debe ser para alimento de los jerezanos. 

No me resisto a escribir aquí lo que se indica con gran acierto en el Capít. IV, de este mismo Título, al determinar lo siguiente: “Ordenamos y mandamos que desde el primer día de marzo de cada año ninguna persona de cualquier estado o condición que sea, pesque en las Riberas de Ardila. Goolin, Menferre, Albuhera (sic) y otras aguas de la ciudad, hasta primero de junio, con ningún género de red, según está prohibido por las leyes de estos reinos”. Esta disposición se viene cumpliendo, razón por la que el tenido como el más antiguo concurso de pesca en España en agua dulce no comienza hasta junio. 

Su construcción

En mi obra “La Minuta de Núñez Barrero”, manuscrito de este sacerdote que salvó información del archivo por su celo en preservar los datos históricos de la ciudad, cuenta que “En el año 1677 se acordó hacer la Albuera”. Esta noticia es muy importante. Pues resulta que desde entonces han pasado 341 años, y esto es perfectamente coherente con que en el año 1718 (hace trescientos años ahora), ya se estuviera pescando. Incluso a mi parecer antes de esa fecha. Pero parece que la obra no se comenzó en 1677, sino algo después, pues así se recoge en otro Acuerdo del Concejo que dice: En mayo de 1680 se dio principio a la obra de La Albuera, que se remató en tres mil ducados a favor de Antº. González y Francisco de la Iglesia, maestros Alarifes, con la obligación de que la Ciudad les había de dar en aquel sitio la piedra y la arena suficiente a costa de los vecinos. Después acordó la Ciudad que para librar a los vecinos del trabajo de sacar y conducir las piedras y la arena, se ajustase de nuevo con dichos maestros, y se ajustó en 20 mil reales, mandando que cada vecino diese lo que fuese su voluntad…” Asegura el cura Núñez Barrero que “el día 5 de enero de 1691 se continuó la obra de la Muralla de la Albuera, por el maestro albañil José González Cervigón”, lo que evidencia que, a pesar de los problemas de interrupción que pudiera haber, once años después del inicio siguieron las tareas de elevación de ese robusto muro. 

Faenas que debieron ser muy difíciles, dado el desnivel desde el arranque del fondo del cauce, y por la necesidad de acopiar mucho material de peso. Así podía resistir envestidas de arroyos como el Casabay, que aportaba gran cantidad de agua en poco tiempo en algunos inviernos.

Como estamos de celebración justo es recoger aquí estas noticias, para honrar a nuestros antepasados por habernos legado un monumento que tanto esfuerzo supuso hacer: “El 12 de mayo de 1693 se ajustó con el maestro alarife Juan Bautista Machado, el levantar ocho varas y concluir la muralla de la Albuera en precio de cuarenta mil reales”. Esto quiere decir que ahora debemos celebrar -en lo que se refiere a la muralla- los 325 años de su conclusión. Sugiero a la alcaldesa de nuestra ciudad y a la concejala de cultura que con este motivo tan señalado se coloque un panel de cerámica recordando fechas y los nombres que nos han llegado que hicieron posible el monumento, para honrar a aquellos albañiles, a los regidores y al pueblo que la hizo posible. Todavía pareció a los regidores que este embalse podía albergar más agua para abastecer las necesidades de los molinos, y se acordó por la ciudad el día 20 de septiembre de 1717 “levantar una vara más a la Muralla de la Albuera, a costa de los Molinos del Arroyo, que costó 2.494 reales, que pagaron entre los dueños de los molinos”. Esta información nos refuerza la vieja idea de que la charca es del pueblo, pues también hemos visto la contribución popular con arena, piedra o dinero. Mucho era el celo por mantener sus aguas cristalinas para la cría de peces, de tal forma que al mismo tiempo que se prohibía pescar con redes para que no se sacasen los peces pequeños, se
mandaba el 14 de junio de 1702, por acuerdo de la Ciudad, que “por término alguno se permitiese jamás a persona alguna (sin excepción) sembrar en los Egidos de San Lorenzo por el perjuicio que ello puede resultar a La Albuera”. En efecto el laboreo del campo próximo acarrearía una acumulación por arrastre de tierras sueltas en el vaso de la charca. 

La charca es de los jerezanos Requeriría otro espacio donde contara mis experiencias en las visitas a la charca. A veces acudo solo para sosegarme con el palpitante vaivén de sus aguas. La rodeo siempre, parándome a imaginar su vida de siglos. Otras veces, en las noches de pesca, recuerdo las bromas de unos y otros, la “Zona Nacional”, señalada con humor por los hermanos Caballo y otros, cuando el socialista Rodríguez Ibarra iba a pescar. Las voces aludían al buzo que “el presidente se traía”. O la estampa de Jesuli con su capillita a la Virgen de Aguasantas, las bromas de Pedro Narváez, José Luis Valle y otros tantos sucesos de humor y buen alimento que aquí no me caben contar. Un rincón al que en otra ocasión me referiré es la “basílica-molino” que como espacio molinero se haya construida junto al muro, hoy no visitable pero que sería ocasión de adaptarla como mesón para servir pan con peces, recordando la molienda y el agua que da vida al pescado.

Así que concluyo reforzando la idea de que si jurídicamente la charca ahora es del pueblo, siempre lo fue de hecho. Volvió en el año 1988 a manos públicas. La compró la Junta de Extremadura. Una enorme pancarta lo señalaba “¡Enhorabuena, ya es nuestra!” Fue un acierto aprovechar ese momento para proceder al vaciado y limpieza del material acumulado en el fondo. Los trabajos se realizaron en el año 1990. Otra pequeña limpieza debió hacerse entre 1781- 1784, pues en las Cuentas de Fábrica de la Parroquia de San Bartolomé se habla del molino que la parroquia tenía allí, diciendo que “estuvo cerrado algunas temporadas a causa de romperse la zúa para limpiar la Albuera”.

Quiero cerrar indicando a la Corporación de Jerez que prepare informe para solicitar la protección de esta Albuera (mar pequeño según los árabes), y su Molino Adosado, como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de Monumento, como me consta han logrado ya tal declaración otras presas de semejante o incluso inferior importancia constructiva e histórica.

Con la celebración del X Congreso DOCOMOMO Ibérico en Badajoz, Extremadura se convierte estos días en protagonista del análisis y debate sobre el patrimonio arquitectónico del denominado Movimiento Moderno en la península. Unos 150 asistentes, profesionales provenientes en su mayoría de toda España y Portugal se reunirán los días 18, 19 y 20 de abril en la ciudad de Badajoz, tendrán la oportunidad de acercarse a numerosos ejemplos de arquitectura y urbanismo de ese momento, que tienen vínculos con la arquitectura popular de aquellos lugares donde se implantaron.
Una forma de «glocalización» que, principalmente en las décadas de 50 y 60 del siglo XX, mudó las premisas del «estilo internacional» a partir del estudio y acercamiento a la arquitectura popular, en la podíamos decir que los arquitectos 'modernos' encontraron un racionalismo espontáneo, basado en la climatología, la orografía, la explotación de los recursos próximos y los materiales y posibilidades constructivas cercanas.
Qué mejor lugar para la celebración del mismo que esta ciudad, de innegable condición transfronteriza y con un importante patrimonio «moderno», compuesto por muestras destacadas del racionalismo de los años 20 y 30, de la arquitectura residencial colectiva de los 50, 60 y 70 o de siete de los más de sesenta pueblos de colonización extremeños que integran un conjunto sin par de implantación territorial en Extremadura.
Precisamente sobre la síntesis entre arquitectura popular y movimiento moderno, del que los pueblos son ejemplos excepcionales, pivotará el debate de la comunidad científica que acudirá al congreso: arquitectos, historiadores, ingenieros o sociólogos abordarán en los próximos días, con la asistencia de responsables políticos, entre otras cuestiones, el análisis de las oportunidades de futuro que pudiera ser capaz de generar la adecuada conservación de este patrimonio y las estrategias para hacer del mismo una herramienta extraordinaria, diferenciadora, sin que se constituya como una carga insostenible o un freno para el desarrollo.
Es este un debate que debe traspasar los límites del ámbito del congreso y trasladarse a la sociedad en su conjunto, ya que hablamos de una responsabilidad compartida que únicamente desde un enfoque transversal podrá llegar a buen puerto.
Podríamos llamar patrimonio arquitectónico «reciente» a una arquitectura de gran calidad que, por encontrarse todavía muy cercana en el tiempo y no poseer el carácter monumental del patrimonio histórico nos resulta, en general, mucho más difícil de reconocer como valiosa. Efectivamente la mayoría de los edificios incluidos en los registros de calidad de DOCOMOMO tienen poco más de cincuenta años de antigüedad y, en ningún caso alcanzan un siglo desde el momento de su construcción.
Es difícil amar, proteger y mejorar aquello que se atesora si no se alcanzan a comprender sus virtudes, por lo que el primer objetivo que nos proponemos es la difusión entre la sociedad extremeña de las características excepcionales que hacen de estas obras ejemplos destacados que merece la pena conservar. Se trata también de una oportunidad única para hacer visible la importancia de este patrimonio de Extremadura en el exterior, como recientemente le ha ocurrido a La Bazana, con motivo del Premio Europan destinado a los jóvenes arquitectos de toda la Unión, compartiendo protagonismo con Madrid, Barcelona, Palma, Amsterdam, Hamburgo, Toulouse, Helsinki o Múnich, entre otras ciudades europeas.
Pero la conservación que defendemos no debe suponer congelar estas arquitecturas en el pasado y, con ello, evitar la evolución de estos edificios o conjuntos hacia la asunción de nuevos usos, en el supuesto de haber perdido la funcionalidad, o hacia la consecución de mejores condiciones de habitabilidad, de accesibilidad y de sostenibilidad, en el caso de las arquitecturas residenciales.
Sólo si se hace patente que este patrimonio material heredado, más allá de su calidad arquitectónica, no puede suponer un lastre para el desarrollo de nuestra sociedad sino, al contrario, constituirse en herramienta de partida para nuevas propuestas que, aprovechando lo existente, proyecten oportunidades de futuro. De esta manera, la sociedad en su conjunto podrá sentirse orgullosa de asumir el reto de la conservación del mismo para, una vez cualificado, disfrutarlo y, posteriormente, legarlo a generaciones futuras.
Se trata, por tanto, de una responsabilidad transversal a la sociedad en su conjunto, que deben abanderar los poderes públicos, generando las acciones y estrategias oportunas, destinando los medios económicos que se precisen para su impulso. Asimismo, resulta imprescindible la incorporación de la iniciativa privada, de la mano de profesionales competentes y rigurosos, mediante procesos de selección, tanto públicos como privados, inspirados en la calidad y no en el ahorro económico.
Y es la ciudadanía en su conjunto, una vez consciente del valor de ese patrimonio, la que debe exigir planteamientos que conlleven la recuperación funcional del mismo, sumándose a las acciones enunciadas, comenzando por el respeto a sus propios bienes inmuebles cuando intervienen en ellos. Por tanto, resultará muy importante la difusión de las conclusiones finales de este Congreso, que podrán establecer estrategias de futuro que se enriquezcan de la participación ciudadana.
Es también por ello que, las entidades organizadoras del mismo, Fundación DOCOMOMO Ibérico, COADE y Junta de Extremadura, pretendemos que los ciudadanos de Badajoz y de toda la región perciban la importancia de la celebración de este evento en la ciudad, con una temática que no les debe resultar ajena. Así, se ha organizado un importante ciclo de actividades paralelas abiertas, tales como coloquios, exposiciones y visitas guiadas, que ayuden a generar la inquietud ciudadana de que la sociedad tiene mucho que decir en el futuro.
El título del Congreso, «El fundamento social de la arquitectura; de lo vernáculo y lo moderno, una síntesis cargada de oportunidades», no puede ser más elocuente.

La semana pasada se inauguró en el Espacio Miguel Delibes de Alcobendas la exposición "Martín Lutero y su mundo", una muestra de grabados que estará expuesta hasta el 27 de abril y que busca revisar la figura del agustino y las distintas concepciones históricas elaboradas en los siglos siguientes a la publicación de sus 95 tesis. En una conversación con este medio, Elvira Roca, investigadora del CSIC y autora deImperiofobia y leyenda negra, ha querido llamar la atención sobre la "falsedad" que envuelve a Lutero y a la imagen de progreso que suele desprenderse de su "Reforma" protestante.
En términos generales, la Historia cataloga ese acontecimiento como el germen del progreso que marcaría la trayectoria de Occidente desde el siglo XVI en adelante. Para Roca, la verdad dista mucho de lo que se estudia en los libros de texto: "Todo lo que se suele creer del movimiento iniciado por Lutero, eso del libre examen y de la libertad religiosa, tan moderno y tan bonito, es una reducción y una falsificación de lo que realmente supuso la nueva doctrina. No hubo progreso, sino más bien todo lo contrario", ha comentado. "Si se estudia detalladamente la historia de todos los territorios en los que triunfó el protestantismo, se descubre que en los siglos siguientes al cisma se encuentran inmersos en continuas guerras que les lastraron en todos los aspectos; tanto en lo económico como en lo social", ha añadido. "El Sacro Imperio se quedó anclado en la Edad Media hasta el siglo XIX".
Preguntada acerca de las guerras de religión iniciadas por la Contrarreforma católica, que tuvo en España y en Carlos V a su principal valedor, Roca ha sido clara: "Sí, claro que es verdad que hubo guerras de religión entre católicos y protestantes, pero tuvieron muchísimas más los propios protestantes entre ellos. Hay que tener en cuenta la cantidad de pequeñas divisiones e interpretaciones religiosas que tuvieron lugar en muy poco tiempo. Si se estudian los datos, llama la atención la cantidad de conflictos entre propios protestantes", ha asegurado. "No es verdad que allí triunfase la tolerancia. En las zonas protestantes es donde más casos de intolerancia se registran: para empezar, uno no podía ser católico en un lugar protestante; el número de muertes por cuestiones de credo fue mucho mayor en esos sitios que en los católicos", ha añadido. "Estaban regidos por aquello del cuius regio eius religio; ¿qué tolerancia puede haber en eso?".
No es verdad que trajese el progreso; todo lo contrario. El Sacro Imperio se quedó anclado en la Edad Media hasta el siglo XIX
"Una cosa que se ve en la exposición, muy interesante para entender esto, es la batalla dialéctica entre Tomás Moro y el propio Lutero", ha continuado Roca. "Muestra muy bien lo atrasado del nuevo credo luterano". "Moro no era un teólogo, era un abogado, y sus críticas al fraile se basaban en el derecho positivo. Por ejemplo, debatió mucho ese concepto poco conocido que promulgaba el agustino de que los reyes, elegidos por Dios, debían ser los únicos capacitados para dictar leyes. Todo un atraso".
La Reforma, más política que religiosa
Uno de los objetivos que busca la muestra es analizar los distintos intereses políticos que motivaron la expansión protestante. "Hay que entender lo que supuso el nombramiento de Carlos V como emperador: un jovencito, Habsburgo, austriaco, que le ha disputado el imperio al propio príncipe Federico de Sajonia, al que muchos consideraban mejor preparado… Las tesis de Lutero dieron a los sublevados la estrategia perfecta", ha explicado Roca. "A Federico se le sumaron muchos otros príncipes que sabían que lo mejor que podían hacer para restarle poder al nuevo emperador era poner al pueblo en su contra. Carlos era un extranjero, medio español, algo que ya en aquella época estaba mal visto por esos lugares. Lo único que compartían era la religión; así que provocaron una herejía que desembocó en una guerra". "Aquella fue la primera revolución de la historia, y no la estadounidense o la francesa", ha continuado.
La razón por la que, pese a todo, se acabó imponiendo el relato protestante, tiene que ver con aquellos que escribieron la Historia, según Roca: "La gran Historia universal fue redactada en el siglo XIX, no antes, principalmente por franceses y británicos, deudores directos del protestantismo iniciado por Lutero".
Los grabados expuestos, de esta manera, buscan construir un "relato a través de los iconos del protestantismo", que otorgue una visión más objetiva de aquel acontecimiento histórico. "En ellos podemos encontrar muchas cosas, como por ejemplo las traducciones de las biblias al alemán que sí que existían en el siglo XVI, a diferencia de lo que defendían los luteranos, que hablaban del hermetismo de Roma y de la imposibilidad de leer las sagradas escrituras en otro idioma que no fuera el latín".

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