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El coronel no tiene quien le escriba, tituló el americano Gabriel García Márquez una de sus obras más entrañables. Los conquistadores tampoco tienen quien los escriba. Su historia resulta políticamente incorrecta, y los países que contribuyeron a fundar no los reconocen como suyos. Pero incluso así, el caso de Francisco de Pizarro, conquistador del Perú, es más doloroso que otros. A diferencia del admirado Hernán Cortés, Pizarro y sus hermanos gozaron de escaso reconocimiento en el periodo que les tocó vivir. El carácter gris del extremeño y las sucesivas guerras civiles entre ellos no ayudaron, precisamente, a que Pizarro encontrase quien le escriba.
Hernán Cortés, el apuesto capitán Cuando Pizarro comenzaba a gestar su leyenda hacía veinte años que Hernán Cortés había conquistado Tenochtitlan. Llovía sobre mojado. Cortés fue considerado el mayor héroe en Castilla por sus coetáneos, incluso por encima del militar más prestigioso del periodo, el Gran Capitán. «Fue en tanta estima el nombre solamente Cortés, así en todas las Indias como en España, como fue nombrado el nombre de Alejandro de Macedonia, y entre los romanos Julio César», escribió Bernal Díaz del Castillo, autor de «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España». Cortés no era un hombre culto, pero sabía impresionar a la gente a través del verbo. Siendo uno de los encandilados el Emperador Moctezuma, que, en una mezcla de síndrome de Estocolmo y admiración sincera, mantuvo una extraña amistad con el hombre que pretendía derribar su imperio.
Retrato idealizado de Hernán Cortés
Retrato idealizado de Hernán Cortés Valiéndose de la hostilidad que el Imperio azteca arrastraba entre las tribus vecinas, el extremeño fue capaz de aunar los esfuerzos de distintos jefes locales para abrirse paso por el norte de América, usando aquí la superioridad de las armas europeas para imponerse en el campo militar. No obstante, su gesta estuvo en todo momento acompañado de una cuidada propaganda, buscando así convencer a Carlos V de que la suya era su causa, y no la de su rival y superior, el gobernador de Cuba, que se enfrentó a Cortés durante la conquista de México. Por lo mucho que le importaba su imagen, Cortés insistió en que su biografía la escribiera su capellán, Francisco López de Gómara. Como recuerda Henry Kamen en su libro «Poder y gloria: Los héroes de la España imperial» (Austral), en esta biografía el descubrimiento y conquista de América se presentaban como elogio triunfal de España y obra bendecida por el mismísimo Señor. La imagen del héroe extremeño quedó grabada sobre toda una generación. También en el extranjero fue visto durante mucho tiempo como el estereotipo de héroe europeo. «Es el producto final de siglos de preparación para un esfuerzo colectivo de la voluntad humana», describe el historiador norteamericano W. L. Schurz en «This New World».
Francisco Pizarro, el cruel conquistador Nada que ver con la imagen del gris Pizarro. Nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), Pizarro era un hijo bastardo de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés de forma lejana, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. Aunque tradicionalmente se ha considerado que ambos eran primos, en realidad su parentesco era de tío y sobrino, puesto que la línea de Hernán Cortés había corrido una generación más que la de Francisco Pizarro. En 1502, el extremeño se trasladó a América en busca de fortuna y fama, no siendo hasta 1519 cuando participó de forma directa en un suceso relevante de la Conquista. Francisco Pizarro arrestó y llevó a juicio a su antiguo capitán, Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo en divisar el océano Pacífico, por orden de Pedro Arias de Ávila, Gobernador de Castilla de Oro. El descubridor fue finalmente decapitado ese mismo año con la ayuda de la versión más oscura de Pizarro, la que alimenta en parte la antipatía histórica que sigue generando este personaje. Francisco Pizarro arrestó y llevó a juicio a su antiguo capitán Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo en divisar el océano Pacífico Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más oscuros que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del continente en busca del otro gran imperio americano de su tiempo: los incas. Precedida por la viruela traída por los europeos en 1525, que había diezmado a la mitad de la población inca, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el empujón final a un imperio que se tambaleaba a causa de las enfermedades, la hambruna y las luchas internas que enfrentaban a dos de sus líderes (Atahualpa y Huáscar) por el poder.
El conquistador, a caballo, en el centro de la expedición pintada por Ferrer-Dalmau
El conquistador, a caballo, en el centro de la expedición pintada por Ferrer-Dalmau La inferioridad numérica de Pizarro no fue ningún obstáculo. ¿Cómo fue posible que tan pocos pudieran vencer a tantos? es la pregunta que ha causado fascinación en la comunidad de historiadores. «En Cajamarca matamos 8.000 hombres en obra de dos horas y media, y tomamos mucho oro y mucha ropa», escribió un miembro vasco de la expedición en una carta destinada a su padre. La superioridad tecnológica y lo intrépido del plan de Pizarro, cuyas intenciones no habían sido previstas por el emperador Atahualpa, al estimar a los españoles como un grupo minúsculo e inofensivo, obraron el milagro militar. El secuestro y muerte de Atahualpa, que no llegó a ser liberado pese a que los incas pagaron un monumental rescate en oro y tesoros por él como había exigido Pizarro, marcó el principio del fin de este imperio. Sin embargo, lejos de la imagen de que el extremeño conquistó el Perú en cuestión de días, hay que recordar que la guerra todavía se prolongó durante toda una generación hasta que los últimos focos incas fueron reducidos.
Pizarro y la guerra de los conquistadores Los conflictos internos entre los conquistadores, que enfrentaron a Pizarro y sus hermanos contra su otrora aliado, Diego de Almagro, enturbiaron todavía más la imagen de los conquistadores del Perú. Tras la derrota y ejecución de Almagro, en un nuevo giro de los acontecimientos, los partidarios del derrotado irrumpieron el 26 de junio de 1541 en el palacio de Pizarro en Lima y «le dieron tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta, relata un cronista sobre el amargo final del conquistador extremeño. Las guerras civiles entre los conquistadores se prolongaron hasta finales del siglo XVI, convirtiendo a los Pizarro también en villanos a ojos de de la Corona. Frente al encantador de serpientes de Cortés, que acudió a la Corte de Carlos V a contar sus hazañas, Pizarro no parecía hecho de la materia de que están hechos los héroes. Codicioso por naturaleza, cruel y dado a buscar su interés personal, o al menos así le recordó el mundo. Fue con el paso de los años cuando surgió la leyenda del humilde Pizarro: una persona sin privilegios que abandona la pobreza y engrosa las filas de la nobleza tradicional. Un héroe para el pueblo.
Francisco de Pizarro, herido de muerte en su palacio de Lima
Francisco de Pizarro, herido de muerte en su palacio de Lima- Wikimedia A lo largo de los siguientes siglos, Pizarro ganó en reputación. Los historiadores norteamericanos, que veían en los conquistadores a los precursores de sus grandes pioneros, elevaron a la categoría de esforzado héroe al extremeño. La primera biografía fiel de Pizarro la publicó el norteamericano William H. Prescott en su «History of the Conquest of Peru», quien consideraba que España había descuidado a uno de sus más famosos héroes: «Ningún español ha intentado escribir una historia de la conquista del Perú basada en documentos originales». La prueba de este descuido es que en Trujillo, su lugar de nacimiento, nadie hizo el menor intento de erigir una estatua al conquistador hasta la década de 1890. Mientras España empezaba a recuperar a sus héroes levemente, Iberoamérica comenzaba a considerar a los conquistadores como genocidas que habían destruido las fértiles culturas previas a la llegada de los españoles. La Guerra de Cuba de 1898 sumó a EE.UU. a esta tendencia histórica contra los personajes españoles. Aquí, tanto Cortés como Pizarro, compartieron el mismo destino. Ni Perú ni México les aceptaron como los padres fundacionales de sus países.
Sobre tumbas, estatuas y biografías perdidas Tras ser trasladados desde Europa los restos de Cortés a una iglesia de Ciudad de México en el siglo XVII, la independencia del país cambió radicalmente la imagen que tenían sobre él. A diferencia de otros países como Colombia, que sí conservó el culto a Benalcázar o Ecuador con Orellana –en un intento de dar sentido histórico a sus países–, la oposición a Cortés se mantuvo firmemente enraizada hasta el punto de que en la actualidad no hay ninguna estatua de cuerpo entero del conquistador en todo México. Su tumba llegó a correr peligro. Poco después de la independencia, empezaron a correr pasquines que incitaban al pueblo a destruir el sepulcro. Previniendo la inminente profanación, las autoridades eclesiásticas decidieron desmontar el mausoleo y ocultar los huesos. En la noche del 15 de septiembre de 1823, los huesos fueron trasladados de forma clandestina a la tarima del altar del Hospital de Jesús y el busto y escudo que decoraban el mausoleo fueron enviados a la ciudad siciliana de Palermo. La única estatua de Cortés erigida en territorio mexicano permanece junto a su humilde tumba Trece años después los restos cambiaron su ubicación a un nicho todavía más oculto, donde permanecieron en el olvido durante 110 años. El 9 de julio de 1947, tras un estudio de los huesos, Cortés fue enterrado de nuevo en la iglesia Hospital de Jesús con una placa de bronce y el escudo de armas de su linaje. La única estatua de Cortés erigida en territorio mexicano permanece junto a esta humilde tumba, cuya existencia se guarda de forma discreta en un país que, en su mayor parte, sigue sin asumir como positivo el papel que jugó el conquistador en su fundación.
Estatua de Francisco de Pizarro en Lima
Estatua de Francisco de Pizarro en Lima El caso de Pizarro es casi idéntico. Durante un siglo se creyó que se habían exhumado y expuestos en un féretro de cristal los restos del extremeño. Sin embargo, a finales del siglo XX unos hombres descubrieron una caja de plomo en un nicho sellado de la catedral de Lima con la inscripción «aquí yace la cabeza del Señor Marqués don Francisco Pizarro, que descubrió y ganó los reinos del Perú y los puso en la Real Corona de Castilla». Un grupo de forenses confirmó que esos eran los restos auténticos, y no los que se homenajeaban desde 1892. A partir de entonces Perú ha mostrado poco interés en homenajear o reivindicar la figura de Pizarro. A petición de las autoridades peruanas, una estatua del conquistador fue trasladada de Nueva York a Lima en 1934, lo cual se convirtió automáticamente en un foco de controversia. En 2003 las presiones de la mayoría indígena dieron como resultado que esta estatua ecuestre de Pizarro fuera llevada al depósito municipal, a la espera de encontrarle una nueva ubicación. Al año siguiente la colocaron, ya sin pedestal, en un parque rehabilitado del barrio de Rimac. La polémica promete seguir vigente. Además, frente a las buenas biografías dedicadas a Cortés y a la conquista de México, los esfuerzos por escribir una obra amplia sobre la vida de Pizarro sigue siendo una asignatura pendiente tanto de la historiografía de Perú como la de España.

Fuente: ABC

Un gestor de fondos destroza los récords de arte al adquirir un ‘dekooning’ por 300 millones y un ‘pollock’ por 200 millones Kenneth Griffin, una de las figuras más poderosas en el mundo de las finanzas, acaba de convertirse en el protagonista de la compra de arte más cara de la historia. El fundador del fondo de cobertura Citadel pagó en otoño –la compra se hizo pública anoche- 500 millones de dólares (450 millones de euros) por Interchange (1955), un lienzo de Willem de Kooning, y por Number 17A (1948), de Jackson Pollock. El dekooning le supuso un desembolso de 300 millones y el pollock, los 200 restantes. El dekooning, que hasta ahora era propiedad de la fundación David Geffen —de donde también procede el pollock— se habría convertido así en la obra de arte contemporáneo más cara nunca antes vendida, de acuerdo con los detalles revelados por las cadenas financieras CNBC y Bloomberg, y sería por tanto también la pieza de arte más valorada de la historia, igualada con Nafea faa ipoipo (¿Cuándo te casarás?), de Paul Gauguin, adquirida en febrero de 2015 por el mismo precio por Qatar. Los dos trabajos de los maestros expresionistas abstractos han sido cedidos por el magnate al Instituto de Arte de Chicago, la ciudad donde tiene su firma la sede, y allí están expuestos actualmente en la misma sala. En 1989 Interchange (1955) ya batió récords al ser adquirido por el coleccionista japonés Shigeki Kameyama por 20,6 millones de dólares en una subasta en Sotheby’s en Nueva York.
Griffin, a sus 47 años, es el gestor de fondos mejor pagado de Wall Street y su fortuna personal asciende a 7.400 millones de dólares. El pasado mes de septiembre realizó la mayor operación inmobiliaria en la ciudad de Nueva York, al comprar tres plantas en el rascacielos del número 220 de Central Park South. Pagó por la propiedad 200 millones. El fondo de cobertura, que maneja activos por valor de 26.000 millones, tiene entre sus asesores al expresidente de la Reserva Federal Ben Bernanke. Empezó en el mundo de las finanzas cuando estudiaba en la Universidad de Harvard. Seguía sus inversiones desde el dormitorio gracias a que logró que la dirección del centro le dejara instalar una parabólica. La última crisis financiera se llevó por delante más de la mitad de su fortuna, pero el agresivo inversor logró capear el temporal y ahora su fondo es uno de los que tiene mejor rendimiento.
Ken Griffin en 2013.
Ken Griffin en 2013. Patrick T. Fallon Bloomberg La colección personal del magnate incluye una obra del artista alemán Gerhard Richter, por la que pagó 46 millones de dólares en una subasta celebrada hace ahora un año en Sotheby´s. Griffin es fideicomisario del Instituto de Chicago desde 2004 y dedicó parte de su fortuna a la ampliación del centro. El pasado diciembre donó 40 millones al Museo de Arte Moderno de Nueva York, en la que está considerada como una de las mayores contribuciones privadas a la institución. Griffin empezó a construir su propia colección privada hace dos décadas. Recientemente, sin embargo, advirtió de los riesgos que corre el mundo del arte, al decir que “se está convirtiendo en un mercado opaco dominado por especuladores y eso impide entender el valor futuro de la obras”.
Las obras más caras (hasta ahora) Nafea faaa ipoipo. Este gauguin fue vendido en una operación que ascendió a un total de 264 millones de euros. Es la obra de arte más cara en términos absolutos de toda la historia. Adquirido por la Autoridad de los Museos de Qatar. Los jugadores de cartas. La familia real de Qatar adquirió en febrero de 2012 este conocido lienzo de Cézanne por 191 millones de euros. Les femmes d’Alger. Christie’s adjudicó el pasado mayo en Nueva York este picasso de 160,8 millones de euros. Nu Couché. Uno de los últimos trabajos de la corta carrera de Modigliani fue subastada en Christie’s en noviembre de 2015 y llegó a los 158 millones de euros. El financiero hizo esta reflexión pocos días después de que Nu Couché, una pintura del artista italiano Amedeo Modigliani fuera subastada por 170,4 millones de dólares en Christie’s en noviembre del año pasado. El comprador fue Liu Yiqian, un multimillonario chino que empezó como taxista y vendedor ambulante para acabar especulando en el mercado bursátil y acumular una fortuna de casi 1.500 millones de dólares, según Bloomberg. Aquella adquisición se realizó vía telefónica en una puja que duró nueve minutos, y Liu Yiqian pagó la compra con su tarjeta American Express. “Lo hice así para acumular puntos y que la familia siga volando gratis”, respondió el millonario chino a The New York Times. La compra que ahora protagoniza el magnate, que se negoció el pasado otoño por la vía privada, supera el récord de 300 millones de dólares que la Autoridad de los museos de Qatar pagó en febrero de 2015 por Nafea faa ipoipo (¿Cuándo te casarás?), de Paul Gauguin, considerada la compra de arte más cara de la historia y que estuvo expuesto en el Reina Sofía posteriormente, desde finales de junio a mitad de septiembre. Los Museos de Qatar ya había adquirido anteriormente Los jugadores de cartas, de Cézanne, por 250 millones de dólares.

Fuente: El País

Recorre la frontera hispano lusa de norte a sur, con más de 300 fotografías El libro del historiador Moisés Cayetano Tesoros de la Raya Hispano Lusa acaba de ver la luz, publicado por la Fundación Caja Badajoz. Fue presentado ayer en el recientemente inaugurado Forte da Graça de Elvas tras su rehabilitación y el acto, al que asistieron más de 200 personas, contó con la presencia del presidente de la fundación, Emilio Vázquez, así como el presidente de la cámara municipal elvense, Nuno Mocinha, y el alcalde de Badajoz, Francisco Javier Fragoso. Tesoros de la Raya Hispano Lusa contiene 65 capítulos con un apoyo fotográfico muy amplio, en los que el autor pasea por toda la frontera, desde el norte, Galicia y el Miño portugués, contornea y baja por Castilla León, el Alentejo y Extremadura y Andalucía, con algunas escapadas al exterior, a Lisboa, Setúbal, las playas del Alentejo y el Algarve y el interior español, fundamentalmente extremeño. "Es un recorrido de viajero", que abarca sobre todo el patrimonio artístico monumental, destacando las fortificaciones de la edad moderna, aunque también pinturas rupestres, restos megalíticos a construcciones actuales, mucha geografía, geología, paisajes, gastronomía y fiestas. El libro tiene origen en uno anterior: Un paseo por la Raya , que le publicó el Gabinete de Iniciativas Transfronterizas, que constaba de 30 capítulos y que ahora ha ampliado. La aportación fotográfica es casi toda reciente. La Fundación Caja Badajoz prevé presentar el libro en marzo en Badajoz y, en abril, en Olivenza. De plantearse una segunda edición, Moisés Cayetano ya está pensando en corregirla y aumentarla con una docena de nuevas entradas.

Fuente: El Periódico Extremadura.

A los veinte años de su muerte, la obra literaria, filosófica y política del profesor sigue iluminando el camino en estos tiempos ominosos de cinismo y necedad José María Valverde falleció hará muy pronto veinte años, el próximo 6 de junio, tal como algunos de sus incontables discípulos, epígonos y exalumnos recordararemos, conscientes de cuán justo y necesario es avivar la memoria compartida acerca del excepcional legado oral, escrito y ético que nos dejó, por más que quienes malentienden la cultura como cooltura —y la educación, como burda instrucción— insistan en ignorarlo. Tamaña inopia amenaza con relegar al olvido la herencia de un poeta, profesor, traductor y erudito que concibió su inveterado humanismo como una lucha en pos de la siempre elusiva sabiduría, a través de sus palabras y de su ejemplo. Un agon basado en la duda y la ironía —“Yo solo me conozco de oídas”, repetía a menudo—, pero también en un sentido de la solidaridad y la compasión — “Nulla esthetica sine ethica”— sin duda inspirado en el “por sus frutos los conoceréis” del evangelista Mateo. Maestro de varias generaciones, Valverde fue un profesor extraordinario, una suerte de Sócrates cristiano cuyas palabras siguen vivas todavía hoy, ya que vivas le nacían al pronunciarlas, al maragalliano modo. Quienes tuvimos el privilegio de escucharle podemos evocarlo según entraba discretamente en el seminario: enteco y como de soslayo, justo antes de romper a hablar con ritmo despacioso, mano sobre mano, su voz levemente nasal poblando el aula sin pompa ni circunstancia. Comenzaban dos, tres horas impagables —un lapso precioso rescatado de la vulgaridad del tiempo indistinto—, y los presentes nos dejábamos llevar por la desafectada, cordial sugestión del auto de voces que orquestaba. Ya sólo valía la pena escuchar. La vivificante oralidad de Valverde escandía semillas en nuestros oídos. Se los prestábamos sin tedio ni esfuerzo, poco a poco empapados por el habla desnuda de aquel “humano, demasiado humano” sembrador. Una voz cadenciosa, acompasada por el tempo preciso para poner en cada sílaba el tono y la intención adecuados, como una salmodia improvisada por un narrador sabio y sencillo al tiempo, cuyo pensamiento —transido de conciencia lingüística— iba engarzándose al irse diciendo. Con peripatético estilo —ese que el actual imperio del power point proscribe—, el maestro nos paseaba con palabras alrededor de las palabras, mientras alumbraba las hondonadas de la literatura, la filosofía y el arte, y nos hacía caer en la cuenta del verdadero sentido de las verbalizaciones que tejen los mundos humanos. Volvía del revés el rompecabezas filosófico, con un compasivo humor, con un comprensivo amor por las paradojas, los sinsentidos y los juegos malabares que el lenguaje auspicia. No hacía falta tomar apuntes: bastaba escucharle con despierta atención, asistir al sorprendente teatrillo manejado por un hombre solo, sólo armado con su voz. Escanciadas debidamente, con elocuente sentido y sonido, aquellas lecciones de machadiana estirpe —Juan de Mairena era uno de sus libros de cabecera— resuenan en el fuero interno, todavía indemnes al pasar de los años. Una vida entera dedicada a las ideas y a su expresión literaria — “palabra en el tiempo”—, Valverde perteneció a una especie en vías de extinción. Más allá de su oceánica erudición y de su fecunda labor como traductor, fue por encima de todo poeta y maestro. No un mero profesor empachado de papers, bibliografías, aplicativos e índices de impacto, sino un Mairena empeñado en transmitir de palabra —con las manos en los bolsillos— el acervo del conocimiento al que las personas podemos aspirar, y la colosal ignorancia que aun así nos aguarda. Un hombre que tampoco hallaba manera alguna de sumar individuos, como el heterónimo machadiano, y cuyo comunismo de raíces cristianas —matizado por Nietzsche, Unamuno, Rilke y Kierkegaard— fue acentuándose con los años: “Un hombre de todos los tiempos, con el tiempo de un hombre, igual a todos los hombres”. A José María Valverde hay que empadronarlo en un municipio intelectual y moral donde las tradiciones cristiana, humanista y comunista conviven en problemático aunque imprescindible diálogo. Por ahí, más o menos, anduvieron también otros pares o interlocures suyos: el citado Machado, Ferrater, Camus, Cortázar, Sacristán, Aranguren. Fue precisamente el rebelde Camus quien escribió en algún lugar que, en último extremo, la auténtica inteligencia es sinónimo de bondad. Se me viene esto a las mientes para decir que, en efecto, Valverde fue hombre sumamente bueno, a fuer de sabio. En los tiempos ominosos que corren, enfermos de cinismo y necedad, su triple pasión literaria, filosófica y política, de honda matriz ética, sigue alumbránonos el camino.

Fuente: El País

Aquel queso era un error, no cuajaba bien, se abría y escurría por todas partes. Las familias lo tenían para comerlo en casa, no se ofrecía a las visitas. Incluso algunos habitantes de Casar de Cáceres, localidad del norte de Extremadura, lo daban como alimento a los animales de la granja. Y sin embargo, aquel error es hoy una delicatessen, la Torta del Casar, que se vende por toda España, Europa, Latinoamérica y EEUU. Curiosamente sólo son seis las queserías encargadas de fabricar los más de 311.000 kilos de este queso que se produjeron en 2014, según datos de la Denominación de Origen Protegida. Desde 2011, la producción de quesos ha ido bajando, y también ha ido decreciendo el número de ganaderías, la leche producida, las queserías... Algo había que hacer para que no peligrase este alimento, uno de los buques insignias de la región. Entonces, en plena decadencia, a los productores se les ocurrió la idea: si cada vez hay menos leche porque hay menos rebaños y menos pastores, ¿por qué no montar una escuela de pastores para asegurar la continuidad de la denominación de origen y, de paso, revitalizar el oficio? En unas semanas, Extremadura acogerá la que va a ser la sexta escuela de pastores del país. Ya hay una reciente creada en Murcia, aunque las más veteranas datan de hace 10 años: la escuela del País Vasco, pionera a nivel nacional, que vio la luz en 1997, en Picos de Europa, Cataluña y Andalucía. «La escuela va a seguir el mismo sistema que las que existen, con un curso teórico-práctico de casi 500 horas de formación a 12 alumnos», explica Mari Ángeles Muriel, de Tagus, la asociación para el desarrollo integral del Tajo-Salor-Almonte que, junto con el Ayuntamiento de la localidad y la cooperativa ganadera Cooprado, pone en marcha esta iniciativa, que, al igual que otras, recibe subvenciones de la UE. Habrá clases teóricas, las menos, impartidas por pastores en activo, y el resto del curso será práctico. Los alumnos irán rotando por las distintas explotaciones para aprender el oficio: el ordeño, alimentación de los animales, gestación y partos, vacunas, papeleo, condiciones de las instalaciones, comercialización... Se pretende que haya muchos contenidos innovadores, porque campo no tiene por qué ir reñido con nuevas tecnologías: «Por ejemplo, estamos desarrollando un proyecto de investigación que mejora la gestión de pastos con una herramienta satelital», aclara Muriel. La tecnología ha llegado al campo. En otros lugares se está estudiando ya incorporar el uso de drones para controlar mejor el ganado, y utilizar aplicaciones específicas sobre ganadería en los móviles. Entre los candidatos que se postulan al curso hay de todo: gente del entorno rural, urbanitas, jóvenes, maduros... De momento, ninguna mujer: «Tenemos un técnico de laboratorio del CSIC de 50 años interesado, que quiere cambiar de vida», comenta. Y es que, desde la crisis, muchas personas, con titulación universitaria en numerosos casos, dejan las ciudades para regresar a los pueblos. De los alumnos de la escuela del País Vasco un 60% acaba trabajando como pastor. Pero cuidado: es un trabajo duro, sacrificado y que requiere de vocación, advierten los pastores. En la finca El Valle, la perra Cocosa corre feliz tras el rebaño. Juan Tovar, de 28 años, se acerca al rebaño para ver una de las ovejas recién parida. Las cría para carne, y aunque el rebaño es de su padre, él lo guarda porque siempre le gustó el campo, aunque trabaja en otra cosa. Juan es uno de los posibles futuros alumnos de la escuela. «No tengo conocimientos sobre ovejas para producción de leche y es una oportunidad que me ofrece la mancomunidad, ¿por qué iba a rechazarla? Para mucha gente trabajar en el campo es un retroceso, pero para mí no», afirma este licenciado en Empresariales. Según un estudio de la red de escuelas de pastores, en los últimos 10 años, las cabañas de bovino y de ovino han sufrido una reducción del número de efectivos del 3% y del 18% respectivamente. ¿Causas? La falta de relevo generacional, la dureza del trabajo y el incremento de los costes de producción en este sector. Las ganaderías de la Torta también se han visto reducidas en los últimos años: en 2011 había 27. En 2014, 21. Sin embargo, la leche de oveja no se paga mal en esta zona de Cáceres. La Torta se fabrica con leche cruda de oveja merina entrefina lacón que se paga entre 1,05 y 1,10 euros el litro. Para un queso grande se necesitan unos 5 o 6 litros de leche. «Para ganarse la vida hay que tener unas 450 ovejas, pero lo mejor es asociarse, ser al menos dos o tres, porque si no, es un trabajo muy esclavo y no tienes ni vacaciones», explica Juan Enrique Izquierdo, de Cooprado, central de compra de la leche para la elaboración de la Torta. Las ovejas se ordeñan dos veces al día: a las seis de la mañana y por la tarde. «Y eso hay que hacerlo todos los días, o sí o sí», comenta Dionisio Lázaro mientras procede al ordeño automático de sus ovejas. Él es uno de los profesores de la escuela y experiencia no le falta: «Una sala de ordeño cuesta unos 30.000 euros. Los mayores costes son la alimentación de los animales y las vacunas, que son muchas», añade. No es de extrañar que la salud del animal se mire con celo porque es un queso fabricado con leche cruda, que llega tal cual a la quesería. Eso sí, sin que hayan pasado más de 72 horas desde el ordeño. Si pasan, esa leche ya no se puede destinar a la Torta. Esta es una de las muchas exigencias de la Denominación de Origen, que controla también todos los tiempos del proceso de elaboración. «A la leche sólo se le añade cardo silvestre y sal, nada más», comenta Diego Lindo, dueño de la quesería Doña Francisca. Él no hace solo Torta sino otros quesos, y es que hay que diversificar. «Para que sea rentable el negocio, el quesero tiene que compatibilizar la Torta con otros productos», explica Muriel. Navidad es uno de los picos de venta de este queso: «Y en esa época es cuando es deficitaria, andamos escasos de leche», asegura. Una ventaja: la cooperativa tiene el precio de recogida de la leche pactado a cinco años, así no habrá sustos para la nueva hornada de pastores.

Fuente: El País

Intervendrán la joven soprano pacense María del Mar Machado y el pianista montijano José Luis Pérez
La actuación tendrá lugar el día 19 de febrero a las 20:30 horas en el Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Badajoz y, al igual que los anteriores, gozará de entrada libre y gratuita hasta completar el aforo. La organización del ciclo pretende en esta ocasión volver la mirada al formato Canción de Concierto y a los autores que engrosaron el mismo durante los siglos XX y lo que llevamos de XXI. Muchos de estos compositores utilizaron como elemento generador para sus creaciones melodías antiguas de vihuelistas del s. XVI. Los vihuelistas incluyeron en sus ediciones versiones y arreglos de canciones populares, entre las cuales encontramos en gran proporción distintos números atribuidos a Juan Vázquez. Así, y bajo el título El reflejo de la lírica antigua en los compositores del XX y XXI, se podrán escuchar obras de Jesús García Leoz, Joaquín Rodrigo, Amadeo Vives, Joaquín Turina, Enrique Granados, Fernando Obradors, Antón García Abril y Manuel de Falla; autores todos que beben de la lírica (de todos los tiempos) para engendrar sus composiciones. Por otro lado, desde InDiCCEx se ha buscado también significar el hecho de que los dos intérpretes, -María del Mar Machado y José Luis Pérez-, han sido alumnos del antiguo Conservatorio Superior de Música de Badajoz. Con ello se quiere destacar el papel que esta diputación provincial y sus actuales conservatorios (profesional y superior) juegan en la difusión y promoción cultural de nuestra región. María del Mar Machado estudia actualmente en la Escuela Superior de Canto de Madrid con Victoria Manso, compaginando esta actividad con el trabajo de Soprano titular del Coro en el Teatro Real de Madrid. Ha obtenido varios premios y reconocimientos e interpretado papeles solistas en distintos puntos de la geografía nacional. El montijano José Luis Pérez fue discípulo del aclamado pianista “Esteban Sánchez”, con quien obtuvo el Título de Profesor Superior de Piano, premios de honor Fin de Grado Elemental, Medio y Superior, obteniendo también el Primer Premio otorgado por la Junta de Extremadura en los certámenes de Jóvenes Intérpretes de Música Clásica en los años 1989, 90 y 91. El concierto cuenta con el patrocinio de la Diputación Provincial de Badajoz y forma parte de las actividades del ciclo-fórum “Juan Vázquez, músico natural de la ciudad de Badajoz” que organiza el Instituto Extremeño de Canto y Dirección Coral con el patrocinio principal de la Fundación Caja Badajoz y con la colaboración de la Biblioteca de Extremadura, el Cabildo Metropolitano y el Coro Amadeus de Puebla de la Calzada.

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