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El extremeño Jesús Carrasco (Olivenza, 1972) deslumbró con su primera novela 'Intemperie', que recibió toda clase de premios por un texto singular instalado en un mundo rural. Ahora, tres años después, vuelve con 'La tierra que pisamos', un paso más en la relación del hombre con la tierra, escrita "desde las tripas y el corazón". Publicada por Seix Barral, 'La tierra que pisamos' es una novela que Jesús Carrasco dice que tenía en la cabeza y estructurada en papel antes de que saliera "Intemperie". Se trata de una ucronía (una novela histórica diferente a lo que realmente sucedió o con algún punto de realidad) situada a principios del siglo XX, cuando España ha sido anexionada al mayor imperio que Europa ha conocido. Pero esto son solo circunstancias que contextualizan la novela o "capas históricas" que se mezclan en ella, como lo son los ecos de la segunda guerra mundial, la guerra civil española y el colonialismo europeo de África en el siglo XIX, porque lo verdaderamente importante, según explica Carrasco, es abundar "en la relación del hombre con la tierra y qué significado tiene hoy". "La novela nació de una manera prosaica -argumenta el autor-, cuando estaba trabajando en un huerto, que tenía con unos amigos, y tuve la sensación de buscar qué significa la tierra para el hombre, qué satisfacciones puede dar, cómo nos ha ido acompañando a lo largo de generaciones y cómo desde hace unos decenios esta relación se ha roto, porque la vida está cambiando". 'La tierra que pisamos' narra como después de esta anexión de España, las élites militares eligen un pueblo de Extremadura como gratificación para los mandos a cargo de la ocupación. Así una mujer llamada Eva Holman, protagonista y esposa de uno de estos mandos, que está en casa impedido a consecuencia de la guerra, ve como su vida cambia con la presencia de un hombre, que no habla, que ocupa su propiedad y que terminará por cambiar su vida.
La obra mezcla ecos de la segunda guerra mundial, la guerra civil española y el colonialismo europeo de África en el siglo XIX Todo ello tejido con un lenguaje preciso, estético y exacto, con muchos blancos y silencios, que inundan al lector, porque para Carrasco, tan importante es "lo se escribe como lo que se borra y se tira". "Escribo mucho, casi podría decirse que he escrito dos novelas, como mínimo -sostiene-. Trabajo como el pintor que primero ve y busca los objetos y encuadres en el lienzo y luego se centra en lo que va a pintar. Cuento lo que pasa en la escena pero también en la tramoya en las bambalinas. Importa tanto lo que quito como lo que pongo. Sería como el blanco en la pintura, el silencio en la música o el hueco en las esculturas de Oteiza", comenta este escritor al que se le tildó como el Delibes del siglo XXI. Trayectoria Afincado en Sevilla, Carrasco que estudió INEF, y trabajo como publicista durante muchos años, hasta que lo dejó para escribir "Intemperie", habla de personajes simbólicos y contradictorios, de gente que está al lado del poder, de lo mercantil y de gente que se sitúa en otro lado; pero sobre todo de la gente que duda que está en un intermedio. "De gente como yo y como todos -aclara- de personas que se tienen que enfrentar a una realidad para que la que no hay piezas suficientes. Quería hablar de la empatía, de la diferencia, y saber qué sucedería si te encuentras con una persona al que le has despojado de todo, de su patria, relaciones, emociones; de su cultura o de su arraigo. Este es el planteamiento básico y por eso enmarco la historia en una guerra", subraya. Una historia rural como fue 'Intemperie' -porque el campo es el paisaje de la infancia del autor-, lejos de modas y excesos urbanos al uso, con un lenguaje bello y preciso, que hace que la palabra se mastique y entre en silencio en la piel del lector, y por la que también pasan hechos como "la matanza" de Badajoz en la Guerra Civil, y donde murió el abuelo paterno del escritor. Jesús Carrasco, que no descarta escribir una novela urbana, saca su segundo título mientras espera que su primer libro 'Intemperie' encuentre, en breve, director para ser llevada al cine, después de que haber sido comprados sus derechos por la productora Morena Films.

Fuente: HOY

Este completo conjunto revela la vida de los poblados en la Edad del Hierro. Ubicado en Botija y en Plasezuela, su protección se amplía a terrenos de Cáceres Cómo era la vida hace 2.400 años en los actuales territorios cacereños? ¿De qué modo se organizaban y defendían los pobladores en la II Edad del Hierro? ¿Qué se sabe de su organización? ¿Dónde ubicaban sus asentamientos? ¿Cómo entendían la muerte? ¿Cuáles era sus rituales? Aunque desconocido por muchos, la provincia cacereña alberga uno de los conjuntos arqueológicos más completos y de mayor interés para entender los poblados fortificados conocidos como castros, que centrarían la forma de vida de los vettones. Datado en el siglo IV a.C., el yacimiento de Villasviejas del Tamuja junto con sus necrópolis de El Mercadillo, El Romazal I y el Romazal II están en trámites para su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de zona arqueológica. Su importancia histórica, sus características constructivas y los objetos hallados en las excavaciones motivaron una resolución de la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura el 13 de mayo de 2015, que el pasado 11 de febrero se publicó en el Boletín Oficial del Estado y que supone la apertura del expediente para convertir el conjunto en BIC. De este modo se pretende no sólo la protección de los restos sino del paisaje circundante para preservarlo de edificaciones y otras acciones que puedan impedir su visualización. Abarca una amplia zona de los términos de Botija (Villasviejas y El Mercadillo), Plasenzuela (El Romazal I y El Romazal II), y algunos terrenos de Cáceres. Los castros se asentaban en lugares estratégicos y se protegían con murallas. Villasviejas se ubicó en la Sierra de Montánchez y Tamuja, en un paisaje adehesado de la penillanura pizarrosa, no excesivamente alto pero sí cobijado por los meandros encajonados del río Tamuja. Aunque ya hubo presencia humana en la Prehistoria (se han hallado puntas de palmela, núcleos de talla lítica...), fue en la Edad del Hierro cuando se formó este conjunto que debió de controlar la producción minera de la zona y otros asentamientos menores como El Cerro del Tamuja (Cáceres) y el Cerro Castrejón (Plasenzuela). Sus funciones centralizadoras de la minería del territorio y la posible acuñación de monedas le convirtieron en una plaza fuerte. También hay muestras de un posible traslado de población desde la Celtiberia hasta Villasviejas, con el fin de trabajar en las minas, lo que explicaría las influencias en el armamento aparecido en las necrópolis y la epigrafía de tipo celtibérico en algunos recipientes cerámicos. Además, probablemente sirvió como lugar de acantonamiento de tropas durante la conquista romana y las guerras civiles, siendo tal vez una de las castra contributa de Norba Caesarina. El yacimiento fue descubierto por Marcial Calzado y estudiado por la investigadora Francisca Hernández (Universidad Complutense) con sucesivas excavaciones entre 1968 y 1990. En realidad, el castro consta de dos recintos fortificados en sendas lomas junto al Tamuja. El llamado 'Recinto A' fue protegido con una muralla en la casi totalidad de su perímetro, de pizarra en las zonas más seguras y de granito en las más expuestas, alcanzando hasta cuatro metros. Se complementaba con fosos y torreones como el del ángulo sureste, una gran estructura que no conserva todo su volumen porque sirvió de cantera para la construcción del Ayuntamiento de Botija en la década de los 50. El 'Recinto B' tiene la muralla casi perdida y se localizan restos de torreones defensivos. RITUALES FUNERARIOS En cuanto a las necrópolis, se han excavado decenas de enterramientos de cremación. El ritual característico era la deposición de los restos en una urna junto a elementos del ajuar. La de El Mercadillo parece la más antigua (s. IV a.C), mientras que El Romazal I se sitúa a finales de la vida del poblado (siglo II-I a.C). Los objetos hallados informan de las creencias, organización social e influencias de los pobladores. La mayor presencia de armas y el tipo de éstas evidencian las influencias célticas de la meseta. Entre los hallazgos destaca la Frontalera de El Romazal, una pieza decorativa ecuestre de la que solo se han descubierto cuatro en la Península, y únicamente ésta en un contexto arqueológico. Junto a ella aparecieron otros objetos relacionados con el ajuar personal de un guerrero vettón: un bocado de hierro y bronce, un cuchillo afalcatado y restos de su vaina, dos estrígilos o espátulas para cuidado personal. Estos elementos muestran los cambios que se produjeron en el mundo vettón con la llegada de los romanos, iniciando un proceso que culminaría con el abandono de los castros en favor de colonias más adaptadas a la economía y sociedad romanas.

Fuente: El Periódico Extremadura.

Programa del curso:

MAÑANA:
09:00-09:30: Entrega de materiales.
09:30-10:00: Inauguración de las Jornadas a cargo de un representante de la Administración Educativa.
10:00-12:00. 1ª ponencia: “A escribir bien se aprende y se enseña”, a cargo de D. Victor Claudín. Escritor y Periodista
12:00-12:15: Descanso-Café
12:15-14:45: Segunda parte de la Ponencia de D. Victor Claudín COMIDA: 14:45-16:30 en el comedor del CEIP “Arias Montano”.
TARDE:
16:30-19:30: Talleres (Open Space)
· Explotación de un libro como eje temático del curso. Manuel
García Torrado. Director del C.E.I.P. “Arias Montano”. Badajoz
· Lecto-escritura con Roald Dah. Ángel Luis Canzobre y Javier
González del Álamo. C.E.I.P. “Torres Naharro” de Torres de Miguel
Sesmero
· Biblioteca Escolar: Vive otras vidas. Beatriz Osés y Pedro J.
I.E.S. “Gonzalo Torrente Ballester”. Miajadas
19:45: Clausura. Presidente Fundación Juan Uña INTRODUCCIÓN
Escribir bien y bello no es escribir correctamente, aunque lo implique. Para lo último contamos con diccionarios, con gramáticas. Pero para lo primero sólo con nosotros mismos, y esa capacidad la tenemos, pero hay que ejercitarla. Fomentar la escritura creativa desde edades tempranas impulsa y
desarrolla el aprendizaje de la lengua, desde la amplitud de vocabulario al conocimiento de la estructura y formas que constituyen el idioma. Promueve el gusto por la lectura y acerca géneros y autores literarios. Al mismo tiempo nunca es tarde para penetrar en ese universo. Junto a la mejora cognitiva, el trabajo con la escritura creativa promueve la atención, la memoria, la comprensión, la creatividad, la concentración, la imaginación, el trabajo colectivo... Compartiremos esa pasión por la imaginación, por la composición escrita, pero sin obligaciones que lo conviertan en un hecho aborrecible; muy al contrario, induciendo a ello a través del juego, de la vinculación con nuestras propias vidas, con nuestras fantasías y dudas, limitándonos a potenciar nuestras inclinaciones, a consolidar nuestros balbuceos

OBJETIVOS
1. El objetivo de este encuentro es estimular la creatividad de los participantes y proporcionarles los rudimentos y herramientas imprescindibles para escribir de manera bella e inteligente, para saber el camino de la buena redacción, además de para leer de manera crítica. Y para que cada uno sepa qué hacer para trasmitir esa capacidad y el impulso inicial para que otros escriban. Lo que vamos a hacer en el Encuentro es cómo conviene trabajar con los alumnos, pasándolo por el filtro de la madurez de sus distintas edades.
2. Conocer buenas prácticas en relación a considerar la Biblioteca Escolar como un eje dinamizador en la vida de los Centros e implicar a la Comunidad Educativa en la biblioteca escolar.

18 Y 19 de Febrero Facultad de Filosofía y Letras Universidad de Extremadura Este curso tiene como objetivo dar a conocer investigaciones especializadas sobre el Arte de lo Antigüedad y poner de relieve el volor de lo creoción del mundo antiguo como fundamento en manifestaciones artísticos posteriores o como referente histórico a través de aspectos concretos en el campo teórico, estético, iconográfico, del coleccionismo o de lo gestión del patrimonio. JUEVES, 18 de Febrero

11.45 Inauguración
12.00 Dra. Trinidad Nogales Bosorrote. Patrones y modelos del orle romano imperial: Romo y Augusto Emerito. Museo Nocional de Arte Romono de Mérida
12.45 Dr. José MO Álvorez Mortínez.Lo musivoria del Boja Imperio: documento ortístico y social. Museo Nocional de Arte Romono deMérido.
13.30 Coloquio
16.30 Dr. Miguel Alba Calzado. Técnicos y formas. Pervivencios de la cerámico de lo Antigüedod en lo tradición popular. Consorcio de lo Ciudad Monumental de Mérida.
17.15 Dr. José Alberto Moróis Morón. Aesthetica marmóreo: usos del arte antiguo durante lo Edad Medio. Universidad Pontificio de Volporoíso.
18.00 Pausa
18.15 Dr. José Julio Gordo Arronz: Lo mitología clásico en lo pinturo borroca espoñola del siglo XVII: formas y significados. Universidad de Extremaduro.
19.00 Dr. Jovier Pizarro GÓmez. Antigüedad y Corte. Del gusto por lo antiguo o lo modo de los antigüedades en lo España Ilustrado. Universidad de Extremadura.
19.45 Coloquio VIERNES, 19 de Febrero
10.00 Dra. Elena de Ortueto Hilberath. Winckelmann: Lo visión del arte antiguo. Universidad de Extremadura.
10.45 Dra . Teresa Terrón Reynolds. El mundo de lo Antigüedad en el ámbito del coleccionismo. Ejemplos destocados en Españo e Inglaterra. Universidad de Extremadura .
11.30 Pausa.
11.45 Dr. Enrique Cerrillo Martín de Cáceres. Descubriendo lo Antigüedad en Extremoduro (siglo s XVI- XVIII).
Universidod de Extremadura.
12.30 Dra . Trinidad Tortosa . Lo gestión del Patrimonio Arqueológico o través de los Comisiones Pro vinciales de Monumentos y los Reales Academias de lo Historia y de Son Fernondo. Instituto de Arqueología de Mérido-CSIC.
13.15 Coloquio.
Clausura del Curso. Lugar de celebración: Solón de Actos. Facultad de Filosofía y letras. Universidad de Extremadura.
Duración: 10 horas.
Dirige: Dra . Moría Cruz Villolón Para formalizar lo inscripción deberá enviar a lo dirección de email Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. los siguientes datos:
Nombre y Apellidos
DNI
Dirección
Email
Teléfono de contacto
El plazo de inscripción es hasta el 16 de febrero, inclusive.
Se ha solicitado 0,5 créditos ECTS para cuyo obtención será necesario lo asistencia con control defirmas.

María Jesús Viguera Molins ha sido elegida nuevo miembro de la Real Academia de Extremadura. Su candidatura había sido presentada por los académicos don Miguel del Barco Gallego, don José María Álvarez Martínez y don Feliciano Correa Gamero. Nacida en El Ferrol en 1945, se considera "casi llerenense y algo forastera, desde que me trajeron, aquí, con año y pico". Está muy vinculada a Extremadura, acudiendo con frecuencia a Llerena, donde cuida la casa de su abuela paterna, lo que le permite tomar parte en diferentes actividades que tienen lugar en la región, según una nota enviada por la Real Academia de Extremadura Su tesis doctoral fue sobre Edición, traducción y estudio del Musnad de Ibn Marzuq, dirigida por Fernando de la Granja Santamaría. Catedrática Emérita de Estudios Árabes e Islámicos, ha desempeñado numerosos puestos docentes y de investigación. La nueva académica ha sido Jefe de la Sección Bibliográfica, Instituto Miguel Asín, del  CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas). Además es directora del departamento de Estudios Árabes e Islámicos  en la Facultad de Filología de la Complutense. Tambiés es académica de la Real Academia de Bones LLetres de Barcelona, desde l990; de la Real Academia de Córdoba, de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, desde 1994,  y elegida académica Numeraria de la Real Academia de la Historia en enero  de 2015. Es miembro del Comité de Honor de la Cátedra al-Andalus /Magreb, Universidad Adolfo Ibáñez de Chile (Peñalolén, Santiago, Chile), desde 2011 y Miembro de Honor del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino (Granada), desde junio 2011. Libros Ha publicado 55 libros, ediciones, traducciones y libros colectivos, entre ellos los volúmenes VIII-1, 2, 3 y 4 de la Historia de España de Menéndez Pidal; también, 257 artículos y capítulos de libros, sobre diversos aspectos de la Historia de al-Andalus y del Magreb, sobre todo acerca de la historia política de los períodos de taifas, y sobre los componentes de la sociedad andalusí, y sus componentes religiosos y culturales.

 

Fuente HOY.

Un libro revisita los campos de concentración, factorías del odio donde se exprimió y exterminó a millones de seres humanos Escuchad, basura, ¿sabéis dónde estáis? Estáis en un campo de concentración. ¡Tenemos métodos propios! Tendréis ocasión de probarlos. Aquí no se vaguea, y nadie escapa. Los centinelas tienen instrucciones de disparar sin previo aviso a quien trate de fugarse. ¡Y contamos con la élite de las SS! Nuestros hombres son grandes tiradores”. Las palabras de bienvenida que brindaba a los presos elStandartenführer Hermann Baranowski, comandante de Dachau, son, sin duda, una introducción muy directa a lo que era un campo de concentración nazi. En general, la expresión “campo de concentración nazi” concita un mundo de niebla y dolor compuesto de retales de violencia y espanto. Un universo desordenado de imágenes y lecturas impactantes, de testimonios reales y reconstrucciones desde la ficción. Una generación los descubrimos en las novelas de Leon Uris (Mila 18, Armagedón, QB VII), la serie de televisión Holocausto y La decisión de Sophie, otras en La lista de Schindler, La vida es bella o El niño del pijama de rayas. El diario de Ana Frank; los libros de Primo Levi; La pasajera, de Andrzej Munk;Shoah, de Lanzmann; incluso la polémica El portero de noche, de Liliana Cavani…, son algunos de los muchísimos elementos que componen nuestra prismática visión de los campos, a la que no cesan de llegar nuevas aportaciones tan extravagantes como las recientes novelas La zona de interés, de Martin Amis, yEn el paraíso, de Peter Matthiessen. “No hay respuestas fáciles. no hay prisioneros típicos ni típicos guardianes. la historia de los campos es un cambio constante” Algunos hemos tenido además el oscuro privilegio de visitar Auschwitz, contemplar los crematorios de Ravensbrück de la mano de la deportada Neus Català, enfrentarnos a las pilas de viejos zapatos de los gaseados en Majdanek y a las pesadas sombras de Sobibor, escuchar a Semprún una tarde hablar de Buchenwald, y a Imre Kertész, y a Gitta Sereny…, o ver el número tatuado en el antebrazo de David Galante mientras el superviviente de Birkenau describía quedamente la selección, las chimeneas y los fuegos. En ese caleidoscopio, en ese puzle de aflicción y crueldad cuesta tener una visión de conjunto, global, objetiva y científica. Eso es lo que nos aporta ahora, más allá del familiar espectáculo de las zanjas rebosantes de cadáveres, los cuerpos enflaquecidos, el perfil de las torres y las cercas de alambre, los hornos y los guardias de la calavera, el historiador Nikolaus Wachsmann, autor de la monumental KL, Historia de los campos de concentración nazis (Crítica). En sus más de un millar de páginas –más de 300 de notas y bibliografía–, el autor recorre todos los campos de las SS desde sus orígenes hasta su final trazando una historia íntegra, completa, del sistema concentracionario. Desde la creación de Dachau, el primer campo, abierto en marzo de 1933, hasta la del de Dora-Mittelbau, el último, en otoño de 1944 (con sus dantescos túneles dedicados a la fabricación de la cohetería nazi), y las marchas de la muerte y la liberación. Una historia en la que escuchamos continuamente, entre los datos concisos, las voces de los presos y los guardianes, las víctimas y los verdugos, los perpetradores y los martirizados. Una de las cosas más notables del libro es precisamente que sin dejar nunca de ser un ensayo científico, cuantificador y esclarecedor, jamás es frío, sino que está lleno de nombres y caras y recorrido por un enorme sentido de la humanidad. Hay que alabar asimismo el magnífico pulso narrativo del autor, que contribuye a que la obra pueda conectar no solo con el especialista, sino con el gran público. Wachsmann destaca que los campos, “en los que se vivía un terror desenfrenado”, encarnan como ninguna otra institución del III Reich el espíritu del nazismo. La cita con Nikolaus Wachsmann (Múnich, 1971) es en Londres, en cuya universidad enseña historia alemana moderna. En principio habíamos quedado en las salas de la exposición sobre el Holocausto en el Imperial War Museum, pero finalmente prefiere la mucho más sobria Wiener Library. Como tengo tiempo me acerco al primer destino. Nunca deja de conmoverme esa exhibición, probablemente la mejor plasmación en formato expositivo que se ha hecho nunca del genocidio judío (no en balde la asesoró el gran historiador especialista en el Holocausto David Cesarani, fallecido, por cierto, el pasado octubre). Es una visita dolorosa. Hay algunos elementos cuya visión es casi insoportable: la fotografía a gran tamaño de un soldado de los Einsatzgruppen a punto de disparar su pistola sobre un judío arrodillado ante una fosa común en Vinnitsa (Ucrania) que mira a la cámara; las imágenes de las excavadoras arrastrando cadáveres en Bergen-Belsen, la mesa de disección… Me siento a repasar el libro de Wachsmann frente a la gran maqueta blanca de Auschwitz que representa a escala la entrada de Birkenau, la plataforma de selección y, al extremo, las cámaras de gas y crematorios II y III en mayo de 1944 durante la llegada de un convoy de judíos húngaros, cuyo exterminio convirtió al campo en el epicentro de la Solución Final y lugar del mayor asesinato en masa de la historia moderna. Uno podría pasarse la vida ante ese horror en miniatura, tratando de entender. La Wiener Library para el estudio del Holocausto y el genocidio, una de las colecciones más importantes del mundo de documentos sobre el tema, se encuentra en Russell Square, junto a los jardines, a tiro de piedra del British Museum. La colección fue fundada por el judío alemán Alfred Wiener y su material ayudó a llevar a los criminales nazis ante la justicia. En la recepción me encuentro con Wachsmann, sorprendentemente joven y vestido de manera tan informal que me hace sentir improcedentemente arreglado con mi americana. Nos instalamos en la biblioteca del primer piso, que aún no ha abierto al público, rodeados por paredes cubiertas de estanterías hasta el techo con libros sobre temas como la eutanasia y la doctrina racial, los crímenes de guerra, los guetos o las SS. Un gran ventanal da al parque en el que corretean ardillas grises. Gris Feldgrau, anoto mentalmente. Le digo a Wachsmann que sorprende descubrir en su libro que en Auschwitz se exterminó a otras personas (prisioneros de guerra soviéticos) antes que a los judíos o que Dachau no era en su inicio un mal sitio, ¡hasta se permitían las visitas! “Al principio, pero en cuanto las SS se hicieron con el control las cosas empezaron a cambiar y la vejación y el maltrato se convirtieron en el sello del sistema; la muerte dejó de ser una excepción”. Al final morirían casi 40.000 presos en Dachau. En total, contabiliza el historiador, las SS instauraron 27 campos de concentración principales y otros 1.100 secundarios, una verdadera telaraña de sufrimiento y terror. No todos existieron al mismo tiempo, unos se abrían y otros se cerraban. Dachau fue el primero, y el único que estuvo siempre en funcionamiento. De los 2,3 millones de personas, hombres, mujeres y niños, que fueron a parar a los campos entre 1933 y 1945, 1,7 millones murieron allí, casi un millón de judíos, aunque también otras víctimas muchas veces olvidadas, recalca el historiador, como los marginados sociales, los homosexuales (que sufrieron especialmente por la brutal homofobia de las SS) o los gitanos (a los que también tenían gran ojeriza las SS: Höss, el comandante de Auschwitz, creía que habían intentado raptarlo de niño).
Liberación de un tren de la muerte de Bergen-Belsen a su paso por las proximidades de Magdeburgo el 13 de abril de 1945.ver fotogalería
Liberación de un tren de la muerte de Bergen-Belsen a su paso por las proximidades de Magdeburgo el 13 de abril de 1945. ¿Cuál era el propósito de los campos? “Obedecían a diferentes fines. Esencialmente eran parte de la red de terror de Estado que incluía los tribunales, la policía, las cárceles o los guetos. El KL [Konzentrationslager, campo de concentración en alemán] debía erradicar a aquellos señalados como enemigos sociales, raciales y políticos para crear una comunidad nacional uniforme y sana. Esa función adoptó, progresivamente, diferentes formas, en constante evolución y solapamiento, como el trabajo forzado, el asesinato selectivo, los experimentos humanos y el exterminio masivo. Los campos eran muy polifacéticos, algo que la gente no suele ver”. De su libro KL explica que “es fruto de un largo proceso”: “Una de las cosas que me parecía fundamental era integrar las dos visiones, la de las víctimas y la de los perpetradores”. “Cuanto más leía e investigaba sobre los campos, más cuenta me daba de lo complicada que es su historia. No hay respuestas fáciles, no hay prisioneros típicos ni típicos guardianes, ni campos típicos. La historia de los campos es la de un cambio constante, muy dinámica, no es rectilínea, ni siempre coherente. La impunidad en el asesinato de presos, por ejemplo, se alcanzó solo gradualmente, y varios de las SS se sentaron en el banquillo de los acusados por malos tratos en 1934. En 1937 morían de media en los grandes campos (Dachau, Sachsenhausen y Buchenwald) solo cuatro o cinco prisioneros al mes. En 1941, 463 reclusos perdieron la vida solo en Dachau. En septiembre y octubre de 1941, las SS ejecutaron a 9.000 prisioneros soviéticos en Sachsenhausen, 300 al día, y los quemaron. El mayor asesinato en una sola jornada tuvo lugar en Majdanek, el 3 de noviembre de 1943, cuando 18.000 judíos fueron eliminados a tiros; denominaron aquello Operación Fiesta de la Cosecha. Sin embargo, hubo un momento, antes de la guerra, en que los campos casi desaparecieron. Y otro en el que, aunque parezca increíble, Himmler, su gran artífice, mandó que se matara menos para aprovechar la mano de obra”. Apunta el autor que la propia relación de los campos con el Holocausto –la parte de la historia de los KL que más ha impactado en la imaginación popular–, cómo se implicaron en él y cómo los nazis acabaron perpetrándolo en sus instalaciones, es muy distinta de lo que se suele creer. De hecho, cuando el Holocausto entró en los KL, “muchos de sus elementos estructurales ya habían aparecido antes de que las SS cruzaran el umbral del genocidio judío”. Los “mecanismos esenciales del Holocausto” –el engaño, la muerte de prisioneros inútiles para trabajar, el exterminio masivo, incluso el uso del gas y la profanación de los cadáveres– ya estaban implantados en 1941 en algunos campos como Auschwitz, aunque aún no se tenía en mente la matanza sistemática de judíos en sus instalaciones. Una de las aseveraciones más impactantes de Wachsmann es que “hay que desmitificar Auschwitz” en la concepción popular de los campos. Auschwitz, afirma, era una singularidad en el sistema KL, y “no era inevitable”. La transición de Auschwitz (abierto el 14 de junio de 1940 para doblegar a los polacos conquistados) de campo de concentración a campo de exterminio “fue casi casual”, y Auschwitz, recalca, pese a representar para todo el mundo el símbolo del Holocausto (allí se asesinó a casi un millón de judíos, más que en cualquier otro lugar), no fue creado especialmente para exterminar a los hebreos ni fue esa su única razón de existir. Como sí lo fue, en cambio, la de otros campos que funcionaban de manera independiente en el sistema KL, los campos de la muerte, como Belzec, Sobibor y Treblinka. “El mayor asesinato en una sola jornada tuvo lugar en majdanek, cuando 18.000 judíos fueron eliminados a tiros” Auschwitz, recuerda Wachsmann, no fue porcentualmente el campo más letal: “Sobrevivieron decenas de miles de prisioneros mientras que de Belzec, por ejemplo –uno de los campos concebidos específicamente para matar judíos y en el que el exterminio se realizaba inmediatamente, como en Treblinka–, solo se conocen tres supervivientes”. Pero eso no es óbice, matiza, para que Auschwitz sea la capital de Holocausto. “Aunque funcionara como un híbrido, su papel fue central en la Solución Final”. En todo caso, recuerda, solo se mató allí a uno de los seis millones de judíos asesinados en Europa: el resto lo fue en zanjas y campos por todo el este o en los campos de la muerte como Treblinka. El Holocausto no iba a parar, revela Wachs­mann. Cuando en noviembre de 1944, ante el avance de los rusos, los nazis desmantelan las cámaras de gas de Birkenau, lo hacen, explica, para enviarlas a un lugar ultrasecreto cerca de Mauthäusen, un último campo de exterminio donde planeaban seguir el asesinato en masa sistemático de los judíos. ¿Hasta qué punto sabía Hitler lo que ocurría en los campos? A diferencia de Himmler, que lo hacía con frecuencia, él nunca visitó ninguno, ¿no? “Probablemente no, se mantenía deliberadamente lejos del trabajo sucio, de todo lo que le pudiera restar popularidad; no le interesaban los detalles y delegaba. Los campos tenían siempre algo de sucio y pecaminoso; cuando hablaba en público de ellos, Hitler siempre recordaba que los habían inventado los británicos. Durante la investigación me pareció encontrar una foto en la que aparecía visitando uno, lo que me entusiasmó, pero finalmente no era él”. ¿Hitler sabía cómo se desarrollaba todo dentro? “Sí y no. Por supuesto todo emanaba de sus decisiones. Pero no era un micromanager como Himmler”. Los campos de concentración no los inventaron los nazis, pero Wachsmann recalca que los hicieron muy diferentes. “Se ha tratado de relativizar los campos nazis comparándolos con el Gulag. A los nazis no les hacía falta copiar nada, tenían su propio modelo. No hay nada comparable con el lado tecnológico de los campos nazis y su culminación en el complejo de exterminio de Auschwitz. Como decía Hannah Arendt, si los campos soviéticos eran el purgatorio, los nazis eran el infierno. En el Gulag, el 90% de los presos sobrevivieron; en el KL, menos de la mitad. La violencia es un aspecto común, pero lo que hacía tan destructivos los campos nazis es su modernidad: el terror burocrático, la tecnología, el gas. Todo ese lado oscuro de la modernidad que poseían los campos. La modernidad no lleva inevitablemente al progreso y la civilización”. ¿Tienen los campos nazis una lección para nosotros en momentos en que se debaten en Europa recortes a las libertades para frenar el terrorismo y llegan oleadas de refugiados? “Es difícil de contestar. De manera rápida le diría que sí. Que son una advertencia. Pero ¡cuidado con los paralelismos fáciles! Muchas veces buscamos lecciones que el pasado no puede dar. No se puede predecir el futuro y una de las verdaderas lecciones de la historia es su complejidad. Mi libro en todo caso no va por esos derroteros, no quiero imponer mis visiones, yo señalo que no hay inevitabilidad en los procesos y el lector debe sacar sus propias conclusiones”. Probablemente una de las cosas que sorprenderán a mucha gente es que los campos nazis se hicieron originalmente para llenarlos de alemanes. “Así es, para destruir a la izquierda alemana. Los nazis tenían una paranoia con los comunistas. Y recuerde que los alemanes no votaron masivamente a los nazis por ser antisemitas, sino para que alejaran el espectro de la izquierda y de una revolución. Los KL emergieron en ese contexto, luego, con la guerra, se llenaron de otros europeos, como los españoles republicanos enviados a Mauthausen en 1940, y de judíos”. Pero si eras judío, ya desde el principio, subraya Wachs­mann, eras peor tratado. “Desde luego el antisemitismo y la violencia contra los judíos están presentes en los campos desde el primer momento. No es una coincidencia que los primeros asesinados en Dachau sean judíos. Pero la idea de los nazis al crear los campos no es matar judíos. El plan es mucho más extenso. El KL es el gran arma de terror del régimen contra todos los que considera enemigos”. Apenas ha acabado de pronunciar la frase el historiador cuando una urraca se estrella contra el ventanal con un golpe sordo. Se marcha volando, pero la escena resulta extrañamente perturbadora. Wachsmann continúa explicando que lo que ocurrió es que al empezar los asesinatos de manera bárbara de cientos de miles de judíos de los territorios ocupados en el este, con ejecuciones masivas y entierro en fosas, los líderes nazis pensaron que esa manera de proceder era insana para… las SS. “Les pareció que resultaba muy duro psicológicamente para los ejecutores matar así”. Entonces Himmler, tan preocupado por el decoro, buscó la manera de hacerlo más humano para los asesinos y se experimentó con diferentes métodos. Como las inyecciones letales y el gas, que ya se habían empleado en los campos en otro contexto, para eliminar a los prisioneros desechables o a los millares de soldados soviéticos capturados. “Las SS”, dice Wachsmann, “habían recurrido a una serie de expertos en eutanasia, los de la famosa Aktion T4, que habían asesinado en Alemania a minusválidos y deficientes mentales, unas 80.000 personas, muchos por gas, en aras de la política hitleriana de eugenesia, para que aplicaran su experiencia criminal en los campos a partir de 1941”. Cuando se empezó a exterminar en masa a los judíos en Auschwitz, dice el historiador, la maquinaria asesina ya estaba engrasada y había matado a decenas de miles de personas. Sorprende encontrar en un libro como KL, junto a todo el espanto, la congoja y el hedor, sentido del humor. Como el del comunista Hans Beimler, que, tras escapar de Dachau en 1933, envió desde Checoslovaquia una postal para las SS del campo en la que solo ponía: “Bésame el culo”. Un poco de luz entre tanta oscuridad. “Es algo intuitivo, no premeditado. Tenía que mantener de alguna manera una cierta distancia, pero al tiempo necesitaba mostrar empatía, es un libro que no ha sido fácil de escribir”. Una cuestión resulta especialmente atormentadora. ¿Cómo pudieron encontrar los nazis a tanta genta malvada, más de 60.000, calcula el historiador, para llevar los campos? Wachsmann ríe con amargura. “Esa es una buena lección. La mayoría de los guardianes, que Himmler y Eicke veían como soldados políticos, una élite, no eran psicológicamente anormales. Podían mostrarse brutales y violentos, sí, pero luego tenían vidas perfectamente normales. Lo que lleva a la pregunta ¿por qué? Que fueran fanáticos creyentes no es toda la historia. Querían imponerse a otros, probarse a sí mismos, ser duros, demostrar masculinidad” –el historiador apunta que las mujeres guardianas nunca fueron miembros de pleno derecho de las SS, no había paridad en las SS–. “Pero los guardias no eran unos sádicos en general, solo unos pocos sufrían alguna disfunción psicológica. No había tantos monstruos como cree generalmente la gente. Ya lo dijo Primo Levi: lo más peligroso son los hombres ordinarios”. Eso no quita que hubiera verdaderos matarifes, como el Oberscharführer Martin Sommer, que en Buchenwald abusaba sexualmente de prisioneros, los mataba y los metía debajo de su cama, o el también suboficial Erich Muhsfeldt, que bromeaba en Majdanek saludando con las extremidades desgajadas de los cadáveres. El historiador destaca “la continuidad de los guardianes”: mandos y subordinados pasaban de un campo a otro, llevando consigo su experiencia acumulada y su camaradería en la violencia. Un apartado del libro está dedicado a la suerte que corrieron los campos después de la guerra y hasta nuestros días. Wachsmann detalla las polémicas en torno a Dachau o Ausch­witz como lugares de memoria. ¿Qué futuro contempla para los KL que se conservan? “No soy museólogo. Captar la historia en un lugar es increíblemente difícil, y tratar de explicarla en un campo resulta interesante pero complejo. Hoy en día encuentras gente que se hace selfies en Auschwitz y hay un turismo de los campos. Se opta por explicar historias individuales para captar audiencia, quizá las viejas exhibiciones con paneles eran más claras. La historia de los campos cambia, como cambiaron ellos mismos. Hay nuevas formas de pensarlos. No tengo claro que esté dicha la última palabra sobre los campos de concentración nazis". Fuente: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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